Si no hay integridad delante de Dios no podremos oír su voz. La integridad solamente la alcanzamos a través de la Palabra. El que no está en la Palabra, por mucho que luche, nunca será íntegro.
La integridad es el respeto interior de nuestra fe en el Señor de no dañar su obra. Cuando esa integridad existe, eres íntegro en la economía, íntegro al dar, íntegro al amar, íntegro al seleccionar, al perdonar, al levantar la voz en el nombre de Cristo.
Hay tanta falsedad entre nosotros los cristianos que tenemos que buscar al Señor para ser íntegros, para volvernos como niños, arrepentirnos y gemirle y clamarle que quite todo lo que tenemos en nuestro corazón para servirle con integridad.
I. ¿CUANDO TIENES SEÑALES DE QUE EL SEÑOR TE HABLA?
Cuando la Palabra te empieza a hablar a ti. Cuando en el tumulto de tu mundo de pecado hay una palabra que te sienta y te corrige. Cuando la Palabra te es un carbón encendido, ya Dios te está diciendo: “Quiero, hijo mío hablarte”