Sanidades De Jesucristo

I. SANIDAD DEL ALMA


La mayor sanidad que hemos tenido es la del alma. Nos sanó el alma, y la sanidad del alma no necesita antibióticos, la sanidad del alma necesita amor, la sanidad del alma necesita guardar nuestra alma para Cristo.


Es donde van todas las emociones y donde se siente lo bueno y lo malo; es donde nosotros podemos decir cuán seguros estamos en Cristo Jesús.


Cuando se ve la inestabilidad de nosotros es cuando nos llega un problema. Mientras no tenemos problemas, nos creemos muy estables, pero cuando afrontamos un problema es cuando nosotros sabemos si somos estables o no.


Hay quien llora por pequeñas cosas y hay quien  no llora por grandes cosas. Todo está en lo que nosotros dejemos entrar de la Palabra a nuestros corazones.


Cuando la Palabra entra a nuestros corazones somos un resorte para bien, no para mal. Cuando hay entendimiento de la Palabra nosotros obramos para bien, nunca para mal.

II. SANIDAD A LOS CIEGOS


Me llama mucho la atención que uno de los primeros milagros que hizo Jesús fue darle vista a los ciegos, porque cuántos que tenemos vista somos “ciegos”. Cuántos dejamos que la ceguedad perdure en nuestros hermanos por años. Les interesa más la casa y de Dios se acuerdan cuando hay una tempestad pequeña, y aún la misericordia de Dios fluye.


Yo he tenido personas que se han sanado en esta iglesia, que cuando Dios ha declarado la sanidad de una persona, otras la han recibido. O sea que se han apoderado de esa sanidad y la han recibido.


Mateo 9:27-31 “Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegando a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa. Pero salidos ellos, divulgaron la fama de él por toda aquella tierra”.


No es conforme al plan de Dios y al Hijo de Dios, sino conforme a vuestra fe. ¿Y si no la hubieran tenido? Se hubieran quedado ciegos. Ellos se vieron comprometidos a divulgar la sanidad porque  eran dos ciegos de la región que eran conocidos en todo el pueblo. Ellos, al ver, les preguntaban quién los había sanado, como es lógico ellos respondían Jesús de Nazaret.


Mateo 20:29-34 “Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le  dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron”.


A los primeros dos ciegos les aplicó el don de fe (conforme a vuestra fe os sea hecho); y a estos dos ciegos que estaban junto al camino simplemente les preguntó, tocó sus ojos y recibieron la vista.


Muchas veces nosotros pedimos, pero no le preguntamos a Dios qué quiere de nosotros. Queremos que él lo resuelva todo, así de fácil, y no miramos atrás que lo que él nos ha dado no lo hemos cuidado.


Debemos de cuidarnos de no caer, porque todo pecado es una caída, y sería muy grave que después de tener una salvación tan grande la perdiésemos.


Muchos queremos ser sanados por la fe de otros. ¡Cuidado! Nosotros tenemos que buscar esa fe viva, tangible, que se vea que podemos nosotros reprender enfermedades. Tenemos que saber que cuando la ciencia se detiene, hay un Dios poderoso que comienza.


III. SANIDAD CORPORAL


Marcos 1:30-31 “Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella. Entonces él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía”.


Aquí hay un toque personal. En esta sanidad Jesús no le preguntó qué quería que hiciese, aquí no le injertó la fe, aquí la tocó. El poder de él al toque divino de él en el cuerpo enfermo, fue suficiente para cubrir la enfermedad infecciosa y levantarla.


Vemos la mano maravillosa de Dios expresándose en la sanidad por medio de la fe, por medio de la confesión y por medio del toque físico, porque en ese momento él todavía no era Divino, pero el poder de Dios Divino que radicaba en él, actuó.


Cuantas veces los siervos que tienen dones de sanidad  nos  tocan y nos sanamos, porque dentro de ellos está el poder divino de sanación y el siervo lo ha creído. Cuando tú crees que tienes ese don, tú lo reflejas a través de la fe en otros cuerpos enfermos, pero hay momentos que el Sanador no permite que los siervos de dones hablen ni se muevan en su nombre, él se mueve como Persona.


Muchas veces en las congregaciones se levantan los que están paralíticos, los que están en sillas de ruedas, los que usan bastones, los tartamudos empiezan a hablar correctamente, los mudos hablan, los sordos oyen, y podemos ver esta obra divina, porque él es poderoso. El no necesita ayuda, somos nosotros los que necesitamos ayuda de fe para realizar la obra sanadora en él.


Hay Pastores que todavía piensan que las sanidades solamente fueron en los tiempos de Jesús; que los milagros fueron en tiempos de Jesús; que las profecías fueron en el tiempo de Jesús; que los dones fueron en el tiempo de Jesús, entonces ¿de qué nos sirve la fe?


¿Qué armas Dios nos ha dado o nos ha legado a través de su Hijo Jesucristo para el don de la fe?


IV. LA MUJER CON EL FLUJO DE SANGRE


Mateo 9:20-22 “Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, será salva. Pero Jesús, volviéndose y mirándola dijo: Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fue salva desde aquella hora”.


Seguramente esta mujer conocía las profecías mesiánicas, seguramente iba a la sinagoga a escuchar la lectura de las Escrituras, porque cuando ella lo tocó no hizo como los ciegos, no hizo como lo hizo Jesús con la suegra de Pedro, esta vez ella tocó a Jesús.


Hay dos cosas que se pueden hacer: O él no toca a nosotros; o nosotros, por fe, le tocamos a él. Cuando nosotros por fe pedimos a Jesús, la obra sanadora se realiza, pero tiene que ser por fe. Con el ingrediente de la fe en Cristo tú lo puedes hacer.


Algunos oran así: “Yo creo que tú eres mi Sanador”, “Yo se que tú puedes tocarme y sanarme”. Otros oran así: “Quiero tocarte, quiero llegar tan cerca de ti que quiero tu aliento” y el aliento del Hijo de Dios es Creador.


¿Qué órgano él no puede crear nuevo? Cuando escuchamos que alguien ha perdido sus piernas, nosotros sufrimos. ¿Qué pasaría si tú no tuvieras piernas? Cuántas veces nuestros pies nos llevan a lugares de pecado, cuántas veces no evaluamos la bendición de tener dos piernas, pero es que Jesús en su sanidad es creativo.


Qué maravilla hizo Jesús cuando Pedro en su violencia innata le corta al soldado la oreja, y Jesús recoge la oreja y se la pone de nuevo, y ¿creyeron esos soldados? La Biblia no menciona que creyeron o que se convirtieron, sino que se lo llevaron para enjuiciarlo. Los soldados vieron con sus ojos una sanidad creativa.


Hasta dónde puede llegar nuestra conciencia y nuestro corazón endurecido por el pecado para  no creer en una vida eterna, en un Sanador eterno, en una misericordia de Dios en que tu prueba puede ser levantada, que tu alma puede ser sanada y que tu cuerpo pueda ser sanado.


V. LA SANIDAD DE UN HIDROPICO


No hubo una enfermedad que el Señor no sanara, y si el Señor sanó todas las enfermedades ¿Cómo no a sanar la tuya?


Lucas 14:1-6 “Aconteció un día de reposo, que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo, éstos le acechaban. Y he aquí estaba delante de él un hombre hidrópico. Entonces Jesús habló a los intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? Mas ellos callaron. Y él, tomándole, le sanó, y le despidió. Y dirigiéndose a ellos, dijo: ¿Quién de vosotros si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en día de reposo? Y no le podían replicar a estas cosas”.


Jesús lo sanó y lo despidió rápidamente. El no quería que lo acusaran de haber hecho una sanidad en el día de reposo.


VI. EL PARALITICO DE BETESDA


Juan 5:5-9 “Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día”.


A este hombre también lo despidió rápidamente, antes que los problemas se presentaran.


Amado hermano en Cristo, es una bendición creer que Dios es sanador en todo tiempo y que necesitamos pedirle a Dios fe para creer en la sanidad y apoyar cuando se ora por la sanidad con el corazón contrito y humillado ante Dios.


Amén.

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