Los Sufrimientos De Cristo

I. EL CARGO CON TODO EL SUFRIMIENTO DE LA HUMANIDAD


Cuando nosotros sufrimos creemos que somos los únicos que sufrimos y que nadie sufre tanto como nosotros; cuando entramos en problemas, creemos que nadie tiene los problemas que nosotros tenemos, pero eso no es verdad, siempre hay alguien que tiene más problemas que nosotros.


Antes que Jesús viniera al mundo, Dios provocó el espíritu profético que está en el Antiguo Testamento, tanto en los profetas mayores como en los menores, para que ellos profetizaran los sufrimientos de Cristo. Si a alguien se le profetizaron sufrimientos fue a Jesucristo, más que a cualquiera de nosotros. El cargó con todo el sufrimiento de la humanidad.

Entonces la Palabra de Dios nos amplía en dónde fue predicho proféticamente los sufrimientos de nuestro Señor. Sin embargo, nosotros muchas veces las pequeñas cosas las hacemos grandes, pero es más grande el poder de Dios que está en nosotros que todo trabajo y obra satánica que pueda venir contra nosotros. Toda maldición que pueda venir sobre nuestras vidas con personas que cuidamos, que amamos y ayudamosmos no nos pueden dañar, porque es más grande el amor de Jesucristo sobre nuestras vidas que todo el daño de una lengua y un corazón enojado y porfiado.

 Salmo 22:1-5 “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mí reposo. Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres; esperaron, y tú los libraste. Clamaron a ti, y fueron librados; confiaron en ti, y no fueron avergonzados.”


Salmo 22:18 “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.”


Ya estaba todo predicho proféticamente sobre el sufrimiento cruel que le esperaba a Jesús. Cuando el ángel se le apareció a María le dijo: “Tú eres una bienaventurada”. La única bendición que le dieron a María era que iba a engendrar al Hijo de Dios, al Dios mismo, pero de ahí en adelante lo que le esperaba a María eran sufrimientos. Era santo el temor de verlo moverse como niño y de verlo que se movía ya como el Hombre que no podía adelantarse a la profecía ni al tiempo de Dios. El temor de una madre en el tiempo de su sufrimiento, porque fue dicho y Jesús sabiendo que su tiempo se le acercaba y que tendría que como ser humano, porque El vino en carne, o sea que estaba movido con sentimientos carnales y espirituales, y que iba a sufrir la separación de lo que El tanto amaba.


Salmo 69:19-21 “Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio; delante de ti están todos mis adversarios.  El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo;  y consoladores, y ninguno hallé. Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre.”


II. FUE PREDICHO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO


En el Antiguo Testamento ya se estaba prediciendo lo que le iban a dar a El. No iba a tener consoladores, no había quién lo ayudara. El iba a pasar una prueba muy fuerte y muy grande. El profeta Isaías tuvo una gran profecía referente a esto.


Isaías 1:6 “Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.”


El daño del pecado Jesús lo cargó poderosamente. En todo el sufrimiento que El iba a pasar nadie lo iba a vendar, ni a cuidar, ni a cuidar y El iba a ser golpeado desde la cabeza hasta los pies. Predicho por los profetas.


Isaías 50:6 “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.”      


El no apartó su rostro cuando lo injuriaban, cuando lo golpeaban, cuando lo escupían. Isaías profetizó todo esto, él profetizó que el sufrimiento de Jesucristo iba a ser cruento, tan cruento que nadie podrá pasar un sufrimiento igual.


Isaías 52:14 “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres…”


Su cuerpo y su rostro fueron destruidos, fue totalmente desfigurado. Cuánto dolor en El. Cuanto más se ama, más se sufre. El que no ama te injuria hoy y mañana ya se le olvidó. Pero al que ama le duele porque ama, simplemente porque ama. Es mejor amar que ser insensible al padecimiento humano; es mejor sufrir con los que sufren.


A veces un minuto de alegría se torna en dos días de llanto. Un día se está muy contento y al otro día viene el azote. Es preferible tener días con cautela, viviendo cada momento a su tiempo, concretándose a amar y a liberarnos que entrar en contiendas.


Isaías 53:3-5 “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”


Cuántos años después de que Isaías lo profetizó surge el Cristo del madero. La llaga de Cristo no se podía curar porque El estaba cargando el pecado de todos nosotros.


La indiferencia, el desamor, la falta de misericordia, de benignidad estaban en la llaga del cuerpo de Cristo.


Es increíble como nosotros hemos visto que todo lo que hemos leído ahora, el sufrimiento de Cristo fue predicho por los profetas, y palmo a palmo sucedió todo en el cuerpo de nuestro Salvador Jesucristo.


III. EL SE LEVANTO EN GLORIA


¿Cuál es la felicidad de nuestro Señor Jesucristo? Cuando resucita de entre los muertos; cuando El ve que todas las profecías dadas por su Padre al hombre fueron cumplidas y que El pudo vencerlas todas, porque El vino en carne, nos está diciendo a nosotros que la gloria de Dios cayó sobre ellos, cayó sobre el Mesías y que El pudo levantarse con gloria.


¿Cuál era la felicidad máxima de El? Que El iba a ver al Padre, que El iba a estar ya en la gloria, de donde había salido. El trabajo de Cristo está cumplido, el trabajo de Dios está cumplido, el trabajo del Espíritu Santo es el que no se ha cumplido todavía hasta que El venga en su segunda venida, entonces es que el Espíritu Santo va al Padre y reina ya solamente con el Padre, y Jesucristo entonces empieza a terminar la obra de restauración del hombre. El está en reposo ahora, le está dando conocimiento y poder al Espíritu Santo para que funcione en nuestros cuerpos espirituales, toque nuestro corazón de piedra y lo convierta en un corazón de carne.


Si tú no tienes misericordia para los que conviven contigo, con quién tú vas a tener misericordia; si tu boca se abre día a día para cosas ásperas, no amorosas, ni caritativas, ni buenas, para quién se va a abrir ¿para el vecino, para el amigo, para el hermano? ¿y los que conviven contigo, por qué no les das una palabra de paz?


A veces hay personas que parecen que tienen un látigo en la lengua, se expresan de tal manera que rompen el amor, que acaban con el amor, porque nunca fueron amados y nunca se dejaron amar. Una cosa es dejarse amar y otra cosa es ser amado.


La situación psicológica del hombre trabaja en dos líneas: de amar y dejarse amar, pero hay personas que no pueden dejarse amar porque son tan carnales que creen que el amor solamente media en la carne y están totalmente equivocados. El amor de una pareja debe de ser espiritual, porque si es espiritual, en ese amor podrán avanzar en medio de un río revuelto, en medio de una tempestad, en medio de años, porque cuando los años caen tenemos menos fuerzas, tenemos menos intereses, tenemos menos deseos, tenemos menos aspiraciones. Hay que tener en cuenta qué es lo que nosotros en realidad queremos sufrir o podemos sufrir para obtener.


IV. RENUNCIAS POR AMOR A CRISTO


Las renuncias que cuestan por amor a Cristo son las que más le agradan a nuestro Padre Dios. De cuántas cosas uno tiene que renunciar para agradar a Dios.
LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO PREDICHOS POR EL MISMO


Mateo 16:21 “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”


Si los apóstoles no lo oían, si sus seguidores no lo oían ¿a quién se los iba a decir? ¿Quién iba a creer lo que el Mesías estaba profetizando del sufrimiento de El mismo? A lo que El decía, agregaba “Pero voy a resucitar al tercer día”; y como en la hora de la muerte, a los apóstoles se les olvida la profecía. Eso nos sirve a nosotros para estar alerta de que cuando hay una profecía o haya una desgracia entender la profecía, detrás de una profecía hay una bendición.


Cuando viene la profecía es porque vienen los tiempos malos. Proféticamente se te dice lo que vas a pasar, pero también se te dice lo que vas a tener. Te profetizaron el tiempo malo, pero te profetizaron el tiempo bueno.


Nadie tiene bendición si primero no pasa por un sufrimiento. Primero viene el sufrimiento y después viene la bendición. Cuando tú entiendes, se libera tu cuerpo y entonces abres tu entendimiento, recapacitas y reconoces que aún sigues siendo rebelde. Esto lo pasamos todos, necesitamos el golpe para entonces nosotros despertar de nuestras rebeliones, porque todos tenemos rebeliones. A veces nos volvemos en contra de la iglesia, pero ¿la iglesia qué te ha hecho? El problema no es la iglesia, el problema eres tú. Lo interno tuyo, todo lo bueno y todo lo malo, lo llevamos al cuerpo donde nos ministran, y es ahí donde sucede lo bueno y lo malo. La verdadera interpretación tiene que tener que lo malo lo levantó y te deja lo bueno. Entonces el cuerpo sufre primero lo malo para después obtener lo bueno. Esa es la iglesia.


Amén.

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