La Oracion Profetica

I. GRANDES Y HERMOSAS ORACIONES PROFETICAS


Tenemos las grandes oraciones de David, de Salomón, de Habacuc, de Ana, el Magnificat de María, la oración de Jabes y muchas mas. Yo no he hecho mucho énfasis en Jabes porque muchos cristianos le dieron tanta importancia al libro de la oración que la aplicaban como religiosos.


Sin embargo podemos saber que el tema de la oración es muy variado, porque la oración ejerce poder. Igual que un mercurio marca la temperatura, así el Espíritu recoge las muchas oraciones de todos los seres humanos y tienen todas una marca de calor, de poder, de sinceridad, de honestidad.


Yo sí creo que cuando el Espíritu Santo dejó que todas las oraciones se revelaran en la Palabra es porque estaban marcados ya delante de Dios.

El tema de la oración enfoca el misterio profético. Sin oración no hay ministerio profético. Cuando surge un profeta, surge por la oración; cuando surge la unción profética surge por la oración. Si nosotros no estuviéramos trabajando y guerreando en nuestras rodillas no hubierara mover del Espíritu, y en el mover del Espíritu están los canales de unción y de profecía, de sanidad y de dones, o sea que los dones se mueven a través de la oración.

A través de la oración se mueve el don profético, a través de la oración surge el profeta, a través de la oración surge el llamado pastoral, a través de la oración surgen los maestros, los apóstoles, los diáconos, los que están al servicio de la obra. Pero no podemos dejar de tratar a través de la oración el aspecto profético, porque el mundo se movió en el tiempo primitivo a través de la oración profética mesiánica, y el mundo se terminará a través de la oración profética.


Todos los siervos de Dios fueron movidos a lo largo de la historia por hombres y mujeres de oración.


Cuando yo veo una iglesia creciente tengo que saber que atrás de eso hay un ministerio de oración. Es por es que es muy importante y hay que luchar tanto porque los intercesores tengan mente libre, sin ataduras, sin perjuicio, que seamos sensibles al Espíritu no a la carne, son niveles, que seamos capaces de dominar nuestro carácter a través de la oración, capaces de perdonar a través de la oración, capaces de recibir sanidad a través de la oración y capaces de dar testimonio a través de la oración.


Tengo la convicción que se puede lograr todo a través de la oración.


¿Cómo nosotros podemos mantener el corazón de Dios cerca de nuestro ministerio? A través de la oración. ¿Cómo nosotros en la antigüedad podíamos ver que los hombres y mujeres tenían una estrecha relación profética con Dios? A través de la oración. Por lo tanto, nosotros deseamos que venga la oración profética. Nosotros ya, como iglesia, sabemos buscar y tocar el corazón de Dios a través de la oración profética.


La oración profética era la herramienta que usaban los sacerdotes, los levitas, los escogidos de Dios con la cual ellos sabían que podían marcar al mundo.
Si nuestra iglesia de hoy, Ministerios el Buen Pastor, procede a intervenir con la oración profética, el mundo conocerá esta iglesia.


II. EL PROFETA Y LA INTERCESION


Exodo 32:10-14 “Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.”


Entonces, si nosotros decimos: “Detén ese huracán, tu pueblo profético te está pidiendo que ahora lo detengas,” y el Señor ha levantado ira contra esa nación y va a barrer esa nación de un punto a otro, el Señor dice: “Ahí hay un pueblo que ha creído que soy un Dios profético, que puedo mandar al sol que se detenga y se detiene, ellos han creído eso, voy a detener los vientos que iba a usar para azotar a esa nación.”  Y el Señor detiene esos vientos, pero ¿quién detuvo eso, quién tocó el corazón de Dios? No fue un pueblo cualquiera, sino el pueblo de oración profética.


En la oración de Moisés que acabamos de leer vemos que este profeta intervino a través de esta oración porque estaba en juego no el honor del hombre, Moisés detectó que estaba en juego el honor de Dios y clamó y Dios se glorificó. Por eso Dios oye conforme a la visión y altura de nuestro corazón hacia El.
Dios, con cada siervo, hace pactos, hace suyos sus propósitos, y hace suyas sus disposiciones. Cuando un siervo conoce esto ya es un siervo con propósitos de Dios.


El profeta Daniel se humillaba en ayuno, oración e intercesión, porque él sabía que estaban en juego los propósitos de Dios con él. Yo estoy conciente que los propósitos de Dios están en juego conmigo, por lo tanto tengo que orar mas que todos ustedes para poder ver los propósitos de Dios.


Daniel 9:3-12   “Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de  los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado, y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas. Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos. Y él ha  cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén.”


Daniel gimió en oración profética para levantar a su pueblo, como lo hizo Moisés. Años mas tarde surge Jeremías con una oración profética. Jeremías lloraba delante de Dios todo lo que suplicaba y pedía. Nosotros debemos de imitar la oración de Jeremías, debemos de llorar delante de Dios las peticiones estén en nuestros corazones.


Lamentaciones 5:1-16    “Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido; mira, y ve nuestro oprobio. Nuestra heredad ha pasado a extraños, nuestras casas a forasteros. Huérfanos somos sin padre; nuestras madres son como viudas. Nuestra agua bebemos por dinero; compramos nuestra leña por precio. Padecemos persecución sobre nosotros; nos fatigamos, y no hay para nosotros reposo. Al egipcio y al asirio extendimos la mano, para saciarnos de pan. Nuestros padres pecaron, y han muerto; y nosotros llevamos su castigo. Siervos se enseñorearon de nosotros; no hubo quien nos librase de su mano. Con peligro de nuestras vidas traíamos nuestro pan ante la espada del desierto. Nuestra piel se ennegreció como un horno a causa del ardor del hambre. Violaron a las mujeres en Sion, a las vírgenes en las ciudades de Judá. A los príncipes colgaron de las manos; no respetaron el rostro de los viejos. Llevaron a los jóvenes a moler, y los muchachos desfallecieron bajo el peso de la leña. Los ancianos no se ven más en la puerta, los jóvenes dejaron sus canciones. Cesó el gozo de nuestro corazón; nuestra danza se cambió en luto. Cayó la corona de nuestra cabeza; ¡ay ahora de nosotros! porque pecamos.”


Como podemos ver la oración profética no es clamor por cosas o intereses personales, sino por cosas de naciones o mundiales, de continentes, de catástrofes climatológicas o sociales.


Aquí en la oración profética hay lugar para la pena y el dolor del hombre mundialmente, para los militares que están frente a la guerra, sin esposa, sin familia, para el futuro personal de hombres amigos que están en eminencia, para los sacerdotes y los reyes de la tierra, para sus príncipes y sus princesas, porque está en juego el honor de Dios y al estar en juego el honor de Dios, El no deja que el hombre barra su honor.


Los pactos, las promesas, las profecías de Dios están en la Escritura con propósitos y todas serán cumplidas. Lo que Dios necesita son siervos y doncellas proféticos, con conocimiento y fe profético para que podamos, a través de la oración, fecundar elaborar el crecimiento del plan profético de Dios en el espacio y en el tiempo de los siglos. No somos mercaderes de oración, somos ejecutores de oración.


El profeta Elías era un hombre sujeto a las pasiones carnales como tú y yo, pero ¿Qué pasó con Elías? Elías toca la fragilidad tuya y mía. Si somos de carne somos seres frágiles. Elías era un hombre frágil, sensitivo a lo humano, a lo físico, a lo divino, a lo político. Como humano sufría el dolor del pueblo; como espiritual buscó la fe y apoyó proféticamente delante de Dios y públicamente lo que necesitaba su nación, que era un profeta que se pusiera a la brecha, que orara para que Dios abriera los cielos y lloviera. Era la necesidad máxima del tiempo en que vivió Elías. Oró Elías fervientemente a Dios, Dios lo oyó y Dios mandó lluvia hasta que Elías tuvo que doblar rodilla y pedirle al Señor que detuviera la lluvia.


Dios no ejecuta su poder y su voluntad si no hay un propósito. Debemos, como hijos de Dios altísimo preguntarle a El ¿dónde está tu propósito en mí? Y Dios te va a contestar: “Según tu veles por los míos así será mi propósito con los tuyos.”


Cumpla Dios sus propósitos en usted.


Amén.

Su voto: Ninguno Promedio: 4.5 (4 votos)