LA ETAPA PATRIARCAL

I. ETAPA DE LA FORMACION DE DIOS EN EL HOMBRE

La etapa patriarcal cada uno la vive, cada uno de nosotros tenemos nuestra etapa patriarcal porque conocemos nuestras generaciones, de dónde venimos, lo que pasaron nuestros ancestros, dónde vivía, de dónde nos sacaron y cada una de estas etapas unas son agradables, otras son fuertes, otras son desagradables, otras de guerra espiritual y otras ya pertenecen al pasado que muchos ni saben de dónde han venido.

En el libro de Génesis del capítulo 12 al 50 es donde se habla de esa etapa de patriarcas que estuvieron antes que Jesús y antes que todos nosotros.

Uno lucha con lo que uno tiene y uno cree que es fuerte, pero cuando uno mira estos ancestros patriarcales en el fundamento de la dirección de Dios en cada etapa del desarrollo, del tiempo de Dios en la humanidad, es cuando pensamos que nosotros no hemos luchado nada, porque estamos luchando con una circunstancia fácil. Nos enfermamos, tenemos médicos y si hay que operar se opera, hay anestesia, sábanas limpias, pero tenemos que entender que no todos los tiempos tuvieron lo que nosotros tenemos Ahora fácilmente nos cubrimos con frazadas, pero antes había que matar una oveja, quitarle la piel y curtirla y entonces hacerse abrigos o mantos para taparse. Ahora vamos a la tienda y compramos el manto que está a nuestro alcance económico.

No tienes que esperar a que llegue un señor con un camello para transportarte por el desierto hasta tu casa. No tienes que buscar un oasis para llevar los porrones de agua para tu casa. No tienes que curtir inmediatamente cuando llega la leche  para poder mantener el queso, la mantequilla y la grasa necesaria para hacer las tortas y amasarlas. Ahora solamente vamos al mercado a buscar la mantequilla, la manteca o el aceite que necesitamos tener. No es lo mismo.

No es lo mismo tener tú un llamado para fomentar nación; no es lo mismo tener un llamado para que las generaciones, a través de ti, fomenten generaciones de hombres a la brecha de Cristo, personas que estén a la brecha que fomenten ciudades, monumentos, arquitectura, acueductos. Ya nosotros tenemos quienes han fomentado los hierros, los metales, los acueductos. No es lo mismo tú ser llamado para que seas un pintor de una época, de un renacimiento y que sepas que fue Dios y que no hay más.

Tenemos que hablar de los siete hombres más grandes que vinieron por parte de Dios: Adán, Abraham, Moisés, David, Juan el bautista, Pedro y Pablo. Estos siete hombres están considerados como los más grandes patriarcas de la historia, porque fomentaron, hicieron, edificaron y formaron una tierra en la cual no existía ni ley ni normas, sin embargo, Dios les dio normas y leyes para que existieran sobre la tierra.

Si Noé no hubiera entendido el plan de Dios para él no se hubiera salvado del diluvio. Pero no solamente se salvó sino que fue obediente, porque en medio de la mofa del pueblo, en fiesta, en borrachera, en orgías y en deleites, Noé se apartó y apartó a su familia y cumplió y construyó un barco que hoy le llaman “arca” y fue el que le hizo navegar y esperar cuarenta días y cuarenta noches en medio del diluvio con animales, con toda la procreación de lo que Dios ya había dado en ese tiempo a la tierra el fomento patriarcal de Dios estamos también nosotros; ese tiempo se formó, hoy nosotros leemos de ellos y entendemos cuán grande fue Dios con ellos. Si nosotros estuviéramos mirando nuestra historia en el mundo terrenal donde vivimos, si nosotros estamos mirando las leyes de Dios en el mundo terrenal y aplicamos esa ley de Dios aquí en la tierra nosotros también estamos escribiendo reformas en medio de la deformación que otros vinieron a formar y que formaron, que fueron los patriarcas, nosotros estamos también poniendo reformas.

II. PACTO DE DIOS CON ABRAHAM

Génesis 12:1-3 “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.
Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.
Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”  Es una promesa de Dios. Toma a un hombre y empieza a hacer Dios promesas con él.

Génesis 21:12 “Entonces dijo Dios a Abraham: No te parezca grave a causa del muchacho y de tu sierva; en todo lo que te dijere Sara, oye su voz, porque en Isaac te será llamada descendencia.”  O sea que si ustedes creen que Abraham no pasó trabajo, no solamente pasó trabajo sino vergüenza porque Sara no podía parir y Dios tenía un plan para Abraham y entonces nosotros vemos como Dios trata con Abraham para que crea.

Si seguimos hablando sobre los patriarcas tenemos que entender que la Jerusalén a la que nosotros vamos a ir estamos hablando de un tipo de Jerusalén celestial, y del Egipto cuando nosotros decimos que salimos de Egipto estamos hablando de un mundo mundano del que salimos. Cuando tú te entregas al Señor y lo confiesas tienes dos bendiciones: Estás entrando en la Jerusalén celestial y le estás diciendo no al Egipto mundano con que todos hemos venido a este mundo.

Sin embargo, cuando Dios trata con Abraham Dios quiere pactar pero Abraham desconocía del pacto y de la promesa; Dios tiene que revelarse a Abraham y darle una promesa. No todos podemos pactar porque no todos conocen lo que es pacto; hasta que tú no aprendas a creer en la promesa Dios no te permite pactar. Miren la similitud de la promesa con el pacto.

Ahora ya Dios promete a Abraham y ya tiene la promesa, ya Abraham puede caminar porque tiene a su hijo Isaac, ya ve que Dios es fuego consumidor, que Dios es martillo. Sin embargo, después que él tiene a Isaac este gran patriarca, es que Dios pacta con él; sin fe nadie puede hacer pacto, sin fe nadie puede recibir una promesa, tiene que haber fe para nosotros poder recibir la promesa de Dios, y tiene que haber promesa para que Dios pacte con uno de nosotros.

Es aquí que en el pacto de Abraham, Dios le da a Abraham un pacto de tierra que fluye leche y miel. Entonces aparece registrado en los cánones bíblicos los tres primeros pactos que Dios hace con el género humano en principio de la creación. Está el pacto de Abraham que es uno de los tres primeros grandes pactos. Dios prometió primero a Abraham un hijo, están entendiendo que sin promesa no puede haber pacto. Es por eso que los profetas bíblicos de nuestra amada iglesia han hablado de las grandes bendiciones que vienen, pero el pueblo todavía no se da cuenta que es porque nosotros hemos hecho un pacto con Dios, pero hemos recibido primero de Dios, proféticamente, las promesas. Si tú crees la promesa la vas a recibir, pero si no crees la promesa el pacto queda roto porque hay que creer para recibir el pacto. La llave del pacto está en recibir la promesa. Cuando recibes la promesa tú puedes pactar con Dios porque ya hay una promesa, ya tú crees en el escudero tuyo, tu escudero es Dios, y cuando Dios se enfrenta a su pueblo, su pueblo no ve que El es el escudero, que El es el que guerrea por su pueblo, que nos deja a nosotros un perfil pequeño para que pasemos por ciertas dificultades o vicisitudes por cuanto a veces hay incredulidad en su pueblo, y las pruebas te llevan a fe; no hay fe sin prueba y no hay prueba sin fe.

Génesis 15:5 “Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.” Aquí está la promesa. ¿Cómo Abraham podía pensar que hoy en el siglo XXI, posiblemente una de las últimas generaciones, porque no sabemos calcular cuando el Señor viene, estemos hablando de él. Nosotros somos parte de esa multitud de estrellas.

Génesis 15:6 “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.”   Este es el valor de la fe. Cuando Dios te promete algo y no lo crees estás echando la perla al latón de la basura. Cuando Dios proféticamente te dice: “Estás sana” y tú no lo crees, estás tirando en el latón de la basura lo que Dios te acaba de dar. El Dios todopoderoso, el Dios de misericordia, el Dios hacedor de todo, el que nos hace sentar en silla de honra y que a veces nos deja sentar en silla de deshonra para que probemos el pecado y la maldad del mundo y tengamos misericordia del pecador.

Génesis 15:17-18 “Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos. En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;” 

En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, pero ¿se dan cuenta que había que tener sangre? Le pidió una becerra de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un palomino (v.9). Todo eso tuvo que matar Abram. Nosotros hoy pactamos muy fácilmente, sentados en nuestras sillas, sin buscar un animal, sin degollarlo, sin descuartizarlo, ¿Por qué? Porque nuestro Cordero fue inmolado en la cruz, ya el Cordero derramó su sangre por nosotros, entonces ese Cordero puede pactar con nosotros, Dios puede aceptar nuestro pacto porque no hay pacto si no hay sangre. Cuando yo pacto con Dios, Dios pacta conmigo porque hay una sangre de por medio que es la de su Hijo. 

Si Dios supo pactar con Abraham y ofrecerle tierra y productos y bendición, El pacta contigo cuando tú pactas, pero tienes que tener un propósito. La iglesia no pacta sin propósito; el propósito que tenemos ahora es para pagar todo lo que viene sobre la Mega iglesia.

Cuando el pueblo se ve sin rey clama por un rey y Dios había pactado con Saúl, es por eso que David es incapaz de tocar a Saúl porque David era conocedor del pacto y no podía ir por sobre el pacto. En el nuevo pacto que todos tenemos estamos contemplando también a un pueblo dedicado a Dios.

Jeremías 31:1 “En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán a mí por pueblo.” 

Abraham nació y se crió en la ciudad de Ur, de los caldeos. Era una ciudad portuaria, cerca del Golfo Pérsico, en la misma desembocadura del Río Eufrates, como a doce millas, donde se piensa que estuvo el jardín de Edén. Desde antes de Abraham era la más grande ciudad agrícola; era importante en la manufacturación de productos de comercio en una tierra de gran fertilidad como la que Dios ya le había prometido a Abraham y también de grandes riquezas. Las caravanas venían de lejanas tierras a esa región.

Allí estaba el edificio más sobresaliente del mundo que era la torre del templo. Probablemente era una réplica de la antigua torre de Babel, edificada de ladrillos macizos, era la propia tierra llena de mineral hecho bloque; era rectangular en su base y hacía una forma de pirámide.

Génesis 11:31 “Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí.”  Vuelve Dios a llamar a Abraham y le dijo tienes que irte.

Génesis 12:1 “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.”  Después que él estaba ya contento con todo lo que tenía, Jehová lo manda a coger sus enseres y buscar otro lugar prometido. No era fácil abandonar Abraham la tierra de sus padres para marchar a una tierra que Dios le iba a mostrar, tierra que Dios le prometió y luego pactó con él, iba a tener siete bendiciones que en Ur no podía dársela, tenía que sacarlo de allí.
(continúa)
 

Su voto: Ninguno Promedio: 5 (2 votos)