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INDIFERENCIA E INDOLENCIA
Hasta qué punto nos es pecado la indiferencia a una verdad? Hace poco fui a un joven, líder de nuestra iglesia, y quise explicarle un conflicto y me fue indiferente. Al ver esa indiferencia paré y no continué; cuando vino a preguntarme le dije que yo ya había terminado. ¿Por qué? Porque la indiferencia dañó mi espíritu.
¿Cuándo tú puedes ser indiferente a una profundidad de verdad? Cuando eres in individuo simple, un individuo que te interesa nada profundo, que te interesa lo simple.
¿Hasta dónde puede llegar la indolencia de la responsabilidad? ¿Hasta dónde tú puedes saber y entender que tú tienes un llamado para la obra? Hay muchas líneas de capacidades. ¿Cómo una madre puede tratar con mentes de hijos simples, otros hijos con mente complicada y otros hijos con mente profunda? ¿Qué conlleva a esos padres a trabajar con ellos? Lo mismo que conlleva a un Pastor a trabajar con una grey que se alimente simple, puede ser indiferente e indolente; o sea que no le duele lo que suceda; no le interesa si hay mucho o poco; no le interesa si desde aquí arriba hay un mensaje con santidad o hay un mensaje sin santidad; no le interesa si está fingiendo tener un don o no tenerlo; simplemente no le interesa. Pero a los que no somos indiferentes, a los que no somos indolentes nos duele todo; nos duelen los indiferentes y nos duelen los indolentes; nos duelen los que contaminan a otros, que son rectos y puros de corazón, y se dejan contaminar.
Cómo en el primer tiempo de mi ministerio yo sufrí por la indiferencia del grupo que llegó y no buscaba a Dios; el grupo buscaba que el Espíritu Santo le hablara, como los adivinadores, pero no buscaban a Dios; buscaban ser ungidos como cuando tú tienes temor “si me unjo no cojo la gripe”, “si me unjo no tendré tal enfermedad” “si me unjo me irá bien en el trabajo” pasaban a ungirse con áreas de superstición.
Cómo duele al corazón de una madre, de un Pastor, cuando ve la indolencia, que es falta de responsabilidad, porque la simpleza de mente y de espíritu te hace irresponsable, o bien porque tengas una graduación de tu mentalidad que no puedes profundizar mas de lo que te da el cerebro, o bien porque sí eres completo pero no te gusta vivir una vida complicada. La vida cristiana es una vida complicada porque en la derecha está la carne y en la izquierda está el espíritu y lo que tú tienes deseos de hacer el espíritu no te lo permite, y cuando tú caes el espíritu se levanta y te sientes peor que un muerto. Los muertos son más felices que los pecadores cristianos.
Cuando tú ves a un liderazgo con falta de interés por la obra, no hay dolor más grande, es comparable con la madre que tiene un hijo perdido en el alcohol o en droga o una hija en la prostitución. Con esas tres vías es que uno puede comparar el dolor del corazón pastoral. El de Dios se ajusta a algo muy grande que está en Dios, pero nosotros no somos Dios y es que la sangre de su Hijo, el Cordero, puede traerlo a la victoria en su tiempo y como el tiempo de Dios no es el tiempo que uno vive, porque mil años es como un día, y nosotros no llegamos a mil años, quiere decir que la matemática de Dios en su tiempo nunca se ajustará a la nuestra, más nosotros vivimos al tiempo de nuestra carne y es ahí donde entra el desconocimiento de obedecerle a Dios o no obedecerle porque cuando tú crees que vives en un buen tiempo de engaño, es cuando estás muerto y cuando sales del engaño es que estás vivo. Hay muchos niveles de engaño: hay engaños morales y hay engaños espirituales, como cuando tú finges tener sanidad y nunca has tenido el don de sanidad; como cuando tú finges ser un guerrero y nunca te has levantado a guerrear en la madrugada; como cuando tú finges ser muchas cosas del Espíritu y el Espíritu nunca está contigo. Hay que tener mucho cuidado cuando uno falsea, quizás porque muchos desean tener un don y no lo tienen, pero pídeselo a Dios, la Palabra dice que le pidas a Dios lo que tú deseas y El te lo dará si tu corazón es para engrandecer su nombre; si es para tu nombre nunca lo vas a recibir.
En el siguiente versículo nos da la palabra de la falta del hombre hacia Dios cuando no le interesa las cosas de Dios. Veamos cómo Dios lo mira en su Palabra:
Isaías 64:7 “Nadie hay que invoque tu nombre, que se despierte para apoyarse en ti; por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades.”
Los que no tienen interés en Dios, el rostro de Dios se esconde. ¿Ahora estás clamando porque ves piedra sobre piedra, ahora estás clamando porque tienes una piedra en el hombro izquierdo y otra en el hombro derecho y no puedes cargarlas? Tú puedes pedirle todo lo que tú quieras, pero son tantas las maldades que traes que yo no te voy oír (dice el Señor); y cómo tenemos que cuidarnos nosotros los Pastores de no ser ministrados de esas maldades, porque en realidad que nosotros de lo único que debemos de hablar es de Cristo, y más en este siglo, que es tanta la maldad que hay en el hombre que qué yo puedo hablar de mí a la congregación que la congregación no sepa lo que yo soy.
Isaías 59:4 “No hay quien clame por la justicia, ni quien juzgue por la verdad; confían en vanidad, y hablan vanidades; conciben maldades, y dan a luz iniquidad.”
Saben lo que es iniquidad? Pecado tras pecado inicuo. Quiere decir que está atando a una generación con otra.
Este es uno de los pecados en que uno puede incurrir cuando uno concibe hijos en iniquidad; hijos que han nacido por el gozo carnal y estos hijos salen carnales que uno tiene que empezar a orar para que en ese vientre, ese feto se convierta al Señor antes que de a luz. Cuántos padres después sufren las rebeliones de los hijos por las iniquidades en el engendro. Es por eso que tú puedes ver que de cuatro hijos ninguno es igual, pero es que la mano es una gran enseñanza. Los dedos de la mano no tienen niveles, ni los huesos, ni los tendones ni las coyunturas con que se compone una mano. Entonces nosotros en realidad que no tenemos a Dios como debíamos de tenerle.
Cuando hay una falsa prosperidad, cuando tú hablas de una falsa prosperidad entra indiferencia hacia los pobres y entra una indolencia como: “Dios lo va a arreglar todo”. Mueve tus pies para ayudar a arreglar lo que Dios quiere; Dios va a arreglar tu casa, no empieces tú a clavar el techo y a liberar todo lo que está en tu hogar para que tú veas lo que te va a suceder. “Espera en Dios, el te va a dar el trabajo, quédate en la casa”. A causa de la falsa prosperidad somos indolentes en nuestros deberes. Cuando alguien te dice: “Compra eso, mañana Dios te provee”. A eso se le llama indolencia; cuando Dios ve que ni siquiera has echado el diezmo y vas a comprar un artículo que tú no puedes llevar, estás en una falsa prosperidad, porque ¿Qué haces tú en endeudarte y después no pagar? Te vienen eslabones de miseria cuando tú no pagas. Cuánto me ha costado predicar eso en esta iglesia para que paguen. Dios me ha dicho que del norte me viene la bendición; bien, déjame activarme y dirígeme para yo buscar el dinero y alcánzame en el camino, pero no me puedo estar quieta, no puedo ser indolente a la necesidad que quiero dejarle al Ministerio un lugar propio para que el que venga detrás de mí no pase ni sufra lo que yo he pasado y he sufrido.
Si yo me quedo sentada porque tengo tal edad o porque no se me paga lo que debían de pagarme Dios no me tuviera en un lugar de honor y a mí me ha honrado Dios en todas las naciones donde yo he estado, porque no soy indiferente al plan de Dios.
Amós 6:1 “¡Ay de los reposados en Sion, y de los confiados en el monte de Samaria, los notables y principales entre las naciones, a los cuales acude la casa de Israel!”
Esta es una falsa prosperidad. ¿Cómo yo voy a ir a tu casa a pedirte que me des paz cuando tú en tu casa no tienes paz? ¿Cómo yo voy a llevar esta nación a que China me cubra los gastos como lo está haciendo a esta nación, cuando China mata a los niños en las calles, cuando hace abortar a las mujeres, cuando han muerto tantos prisioneros por predicar la Palabra de Dios, cuando la malaria en el siglo XIX y XX mató a miles de pastores misioneros norteamericanos e ingleses que llevaban el evangelio a esas tierras? ¿Cómo yo, siendo un país próspero y rico me voy a contaminar con el oro y la plata de China? (¡Ay de los reposados en Sion!) ¡Ay de los cristianos que nada mas se ocupan de orar! ¿Y con qué te mantienes? Yo, a mi edad, todavía puedo limpiar casas, lavar pisos y ganarme la vida, a menos que el Señor me llame antes, pero yo tengo manos para trabajar.
¡Ay de los que tienen falsa prosperidad! “No te preocupes, cuando a mí me llegue tal herencia tú tienes el templo” y yo vengo acá y le digo: Señor, yo no quiero herencia de extranjeros, yo quiero tu herencia; tú eres mi Dios próspero, dame lo que tú quieres darme, lo que no, me cierras el camino, no quiero prosperidad de otros, quiero mi prosperidad con mi santidad y mi fidelidad.
¿Cuánta reprensión ha tenido Israel por haber tomado anatemas? ¿Cuánta reprensión tiene Cuba por haber tomado anatemas? Cuando entró el comunismo montó en un barco a sacerdotes y monjas, y yo misma, los misioneros que m
me pertenecían, tuve que transportarlos a La Habana para que se fueran en avión a los Estados Unidos, a mí me tocó eso. Así que saqué la bendición, yo no los saqué porque quería que se fueran sino para cubrirlos y ampararlos de atropellos del sistema.
¿Cómo tú no te paras a oír, a ver y a olfatear quién es mi hermana? ¿O tú crees que sabes más que mi hermana? no vaya a ser que tu hermana sea un pozo de riqueza y tú seas un indolente próspero. El indolente próspero es el que anuncia lo que otros le van a dar; la persona segura en Cristo es el que todos los días tiene para cubrir todo lo que necesita y es ahí donde Dios nos sigue prosperando; además la prosperidad en lo poco se ve más que en lo mucho y la enseñanza de esa prosperidad es que Dios quiere que lo veamos, tener cuidado de la indolencia.
Tenemos que tener cuidado de no causar daño a nuestra prosperidad con una falsa prosperidad. Usted vaya delante de Dios y pídale a Dios lo que usted necesita para dar, comer y tener y vivir, pero trabaje. Cuando Dios ve que tú trabajas tres horas, Dios te va a dar trabajo por seis horas, pero cuando Dios ve que tú te fatigas por dos horas no te va a dar cuatro. Cuando tú haces un mal trabajo en “X” horas Dios te va a parar y tú lo que vas a encontrar es de esas hacia abajo.
Una falsa prosperidad es la que causa ocupaciones temporales: “Me voy al África seis meses de misionera” y cuando llegas aquí no tienes donde vivir. A eso se le llama indolencia. La firmeza, la constancia en lo que tú eres, en lo que somos mediante Cristo nos va a llevar a ocuparnos en lugares no temporales. No podemos ser indiferentes a lo que Dios pone para nosotros.
Nosotros tenemos la capacidad de creer, pero tenemos la capacidad de entender, de discernir, de accionar o indiferente indolentemente o capazmente. Sean todos bendecidos.
Amén.
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