Frutos Espirituales

I. FRUTOS TEMPORALES

Conocemos los frutos materiales muy bien. Sabemos que en el mundo secular logramos muchas cosas como comer, trabajar, manejar, etc. a veces somos gente agradecida, otras veces no lo somos. A veces pensamos mal de las personas cuando las personas piensan bien de nosotros; a veces creemos que somos tan buenos y tan perfectos que dudamos que haya algo malo en nosotros. Te puedo peguntar en tu mundo secular sin entrar al espiritual: En el día que vives ¿Tú haces mas lo bueno que lo malo? ¿Codicias? ¿Anhelas tener lo que por tu sudor no puedes lograr? ¿Te gusta adquirir las cosas fácilmente o con el producto de tu esfuerzo? ¿Eres ambicioso para tus planes, pero a costa de qué? ¿De que sean otros los que den el fruto de tu prosperidad? ¿Quieres que te exalten, pero dentro de ti no hay fruto?

No todo el que está aquí es cristiano. Puede tener un corazón sucio y ser fiel al local, al Pastor y a la sociedad cristiana, pero eso no convence a Cristo de que tú eres de él; lo que convence a Cristo es que le entregues tu corazón, que le creas. Mientras no le creas no tendrás  fruto.
Mientras tanto, seguirás acomodándote frente al televisor y comiendo. El día del servicio regular de la iglesia no te interesa; hay ayuno, no te interesa; hay reuniones de evangelismo, no te interesa; hay reuniones de jóvenes, no te interesa. Tienes una rutina en tu vida, en tu trabajo, en tu casa, en tu oración y en tu comida y se acabó. Nunca tendrás fruto.

El fruto es diario, es para los que en verdad se sientan felices con el Señor. Jesús puede hacernos  felices, y si eso es verdad, nos puede hacer un fruto perenne, un fruto para siempre.

Tenemos problemas pero tenemos fruto de paz.  Nos faltan muchas cosas que no hemos adquirido pero las vamos a lograr en el camino, tenemos fruto de esperanza. Hemos perdido muchas ganancias pero todas las vamos a recuperar con Cristo.

¿Cómo puedo yo ser un fruto perenne y no un fruto temporal como fue la higuera? Cuando Jesús pasó por la higuera y vio que no había fruto la maldijo y cuando regresó estaba seca.  Muchos podemos tener cargo en la iglesia y no tener fruto.  Si Dios ve que no das fruto El te corta. Si El ve que estás estropeando la tierra que El quiso que tú sembraras, El te corta y envía a otro que de fruto, otro que produzca.

Como adultos y jóvenes tenemos que analizarnos y preguntarnos: ¿Yo estoy dando fruto? ¿Me cuesta ser un fruto? Te costará siempre, porque vas a tener que decirle al tentador NO en tu propia casa, en tu propia familia.

¿Acaso a los padres no les cuesta criar a sus hijos, y luego cuando se van se olvidan de los padres?  Se creen tan hombres, tan bien realizados como si no tuvieran que agradecerle a nadie que salió del vientre de una mujer. Los ves amargados, con familias, sus hijos en otro sendero, hogares fumadores, hijos viciosos, ahí no hay fruto; pero es que el que tenía que pagar el precio del fruto no ha pagado el precio.
El Señor quiere que tú y yo seamos un fruto perenne. ¿Cómo hoy vamos a estar con una cara y mañana con otra, y pasado con otra? Porque nos falta algo y ese algo es conocer al que es Luz, al que es Paz, al que es Amor, al que es Salvador, Jesucristo.

Ezequiel 47:12 “Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina.”

Dios no nos pide que seamos fruto temporal. Ahora porque estoy en crisis, mañana porque tengo una enfermedad, pasado porque estoy triste, ¡NO! el Señor quiere que seamos un fruto perenne.  En tristeza, en enfermedad, en agonía,  en falta de trabajo hay que ser fruto. Hay que salir a evangelizar, hay que hablar de Cristo, hay que dar el diezmo, hay que dar el tiempo a la oración.

II. FRUTOS ESPIRITUALES

Mateo 13:8 “Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.”

Cuando entregas tu corazón de carne al Cristo vivo, el Espíritu Santo viene a tomar posesión de tus emociones, y esas emociones se convierten en frutos espirituales, porque te gusta de un momento a otro alabar a Dios, levantar las manos y decirle: “Gracias Jesús porque ya no vivo solo”; “Gracias Cristo porque más allá de mi vida hay algo más grande que yo mismo”; “Gracias porque tú puedes cambiar todas mis tinieblas en luz”, y entonces empiezan a venir unos acordes espirituales que entran en tu mundo espiritual y empieza el Señor a darte dones de revelación, de visión, te bautiza en un lenguaje diferente, te da interpretación, te hace sensible a las sensaciones que te están diciendo toda una serie de coincidencias espirituales que te están advirtiendo dónde está la obra mala.
Dios revela porque estamos sensibles a El a través de la oración; sensibles a El a través de la búsqueda; sensibles a El a través de la Palabra que hoy está en tus manos; sensibles a El porque clamamos a su Santo nombre para que saque nuestros pies de la red donde hemos caído.  La semilla que tú siembras debe de florecer.

III. FRUTOS QUE FLOREZCAN EN TODOS LOS PERIODOS DE NUESTRAS VIDAS

En todos los períodos de nuestras vidas tenemos que dar fruto.

Salmo 92:13-14 “Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes.”  En la Iglesia tenemos ancianos de más de setenta años y vienen vigorosos a la casa del Señor. Están vigorosos y verdes porque están plantados en la casa del Señor. Vienen vientos, torbellinos, enfermedades, pero ellos están plantados en la  casa del Señor. Esos son los que florecen en todos los períodos de la vida. No solamente podemos ser vigorosos y entusiastas en nuestra juventud. Si lo tuvimos a El, tenemos que serlo también en la madurez y en la vejez, El no cambia. Además el cuerpo envejece pero el espíritu nunca envejece, por tanto tenemos un día que vamos a guardar el cuerpo, pero el espíritu, reverdecido por la fe, estará en la presencia de Aquel que es Todopoderoso.

IV. PROCUREMOS DAR FRUTO EN BUENA TIERRA

No todos los lugares donde adoramos dan buenos frutos. Hay que saber escudriñar, arrancar las malezas y plantar buenos árboles para que den fruto. A lo largo de nuestra carrera han quedado árboles secos y vacíos en nuestro  camino,  y  seguirán  quedando porque la iglesia es sembrar y recoger y lo que no de fruto va a quedar. No sabemos cuántos, eso le pertenece al Señor.
El único que no se engaña es Jesucristo. Tú puedes ser un excelente líder (de apariencia), pero no del espíritu. Vas a perecer porque lo único eterno es del espíritu y si no hay fruto te vas a quedar atrás.

V. LOS FRUTOS SE DIVIDEN EN DISTINTAS ESPECIES

¿Cómo yo puedo dar fruto a la iglesia? Por los dones ¿De quiénes son los dones? De la Persona del Espíritu Santo que viene a mi espíritu.

Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”  

Tienes que tener estos frutos que son del Espíritu, los cuales nadie te arrebatará jamás, porque eso lo pagó el Cordero de gloria en la cruz del calvario por toda la eternidad hasta que El venga por la iglesia.

VI.          ESTOS FRUTOS DEL ESPIRITU SON PRODUCTO DE 
               LA SABIDURIA  DIVINA       
              
¿Quién es el sabio que nunca falla? El Espíritu Santo. El está allí proyectando.  Bien sabemos que hasta los animales saben amamantar a los hijos cuando nacen. Esto es producto de la sabiduría divina en su creación. 

Igualmente tú, sin haber pasado una escuela para ser padre, de momento te ves en la tremenda encrucijada de que eres papá o mamá. Le das de comer a tu hijo, sabes lavar, planchar, cocinas y de momento te das cuenta que eres una mujer en la sociedad con un nombre nuevo llamado madre.  Te proyectas.

Los frutos del espíritu son los que van al cuerpo natural para proyectar la sabiduría de la creación de Dios en nosotros. Los cristianos en la creación, lo mismo sabe parir una mujer con Cristo  que  sin  Cristo, porque la sabiduría de la
creación, que es de Dios, es para todos, como el sol es para todos, con o sin fruto. Lo importante es reconocer tú, a tu edad de hoy, si eres una higuera estéril o un árbol con fruto.

Santiago 3:17 “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.”  La sabiduría viene de lo alto, no es por tu capacidad, es fruto del Espíritu.

VII. CONDICIONES PRECISAS PARA YO LLEVAR FRUTO

La primera necesidad que tengo es contactar con el guía espiritual mío que está en lo alto. Primero contactar de arriba para quitar toda la maleza sucia de abajo. Solo Cristo lo puede hacer.

Salmo 1:3 “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará.”

Dios siga prosperando su vida.       

   Amén.

 

 

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