Felicidad Eterna Será Para Los Fieles

I. EL GOZO EN LA ETERNIDAD

Por mucho que nosotros podamos narrar lo que es la eternidad, nunca estaremos aproximándonos a lo que es el ambiente en la eternidad. Nuestro vocabulario es corto, el lenguaje nuestro es pequeño para la grandeza de la presencia de Dios en la eternidad.

Muchos podrán preguntarse ¿Por qué se oculta esto? Se oculta porque Dios, conociendo la mente humana, muchos, en su ignorancia, podrían quitarse la vida para llegar a la eternidad, y el que se quita la vida no va a la eternidad, porque nuestras vidas tienen una propiedad, esa propiedad es de Dios y Dios en cada vida da su tiempo, así como cada planta tiene su tiempo, nadie es eterno. La eternidad es un disfrute de gozo, de felicidad porque usted no va a “coquetear” ni a jugar con el pecado, su mente no va a estar en los asuntos carnales, su mente va a estar en los asuntos del Espíritu, y el Padre es Espíritu.

¿Cómo algunos hombres de Dios han podido ver la eternidad?

Job 19:26-27 “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.”

Job ya tenía un concepto de la eternidad impresionante. Aún muriéndose, lleno de sarna, por eso el dice: “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios…” ahí hay una palabra destructiva a la enfermedad. El decía: “Aunque mi piel se deshiciere, se desvaneciere, yo veré a Dios en mi piel, yo voy a ser sanado, yo voy a ser levantado”. “...al cual veré por mí mismo…”   le decía al diablo “tú puedes acabar con mi cuerpo, pero yo veré a mi Dios por mí mismo, por mi propio espíritu”.

Salmo 16:11 “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo;  delicias a tu diestra para siempre.”

Es una excelsitud tan grande estar en la presencia de Dios, es inefable el fruto del gozo y de la felicidad, porque ahí tú descansas de todo, ya no cocinas, ya no lavas, ya no tienes ningún trabajo, el único que trabaja es Dios, mantener el gozo y la santidad porque ahí no puede haber pecado porque antes de entrar a la eternidad el Cordero está esperándonos a la puerta para lavarnos con su sangre, y al lavarnos con su sangre entramos con santidad. Allí hay plenitud de gozo.

¿Cómo David pudo ver la felicidad eterna? Solamente con experiencia en el espíritu, con revelación de Dios.

Salmo 17:15 “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.” David sigue hablando del gozo inefable, de la gracia inefable que es estar en la eternidad. Yo pienso que él tuvo una revelación de la eternidad. 

Tanto miedo a la muerte, tanto dolor causa la muerte, y cuando uno va a la eternidad es de entera felicidad. Dos connotaciones diferentes: Tristeza y desolación abajo, y felicidad cuando nos encontramos con el otro mundo que Dios ha preparado para nosotros. Felicidad en Cristo.

Salmo 41:12 “En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me has hecho estar delante de ti para siempre.”

La eternidad no es que busque a Dios y lo encuentre, no, la eternidad es que para siempre vas a estar delante de su presencia. Eso no es como el viento que vino fuerte y lo sentiste, no, David lo expresa diferente: “En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me has hecho estar delante de ti para siempre.”  El siempre tenía el gozo de su presencia.

II. GOZAR ETERNAMENTE DE SU PRESENCIA

¿Cómo se manifiesta la presencia de Dios en nuestras vidas eternamente? Si tú estás con Cristo, estarás en la presencia de Dios eternamente, pero hay que estar con Cristo. Si en tu corazón hay una duda de que el intercesor tuyo y mío es Jesucristo, tú no podrás gozar de la presencia de Dios.

Para nosotros tener felicidad y expansión en nuestra vida eternal, que es con el Señor, tenemos que estar con Cristo para siempre. Cristo es el portal de gloria de Dios. Tú entras a la eternidad por Cristo y recibes la eternidad por gozo.

Mateo 26:29 “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”

Aquí se nos garantiza que a través de Cristo, cada acto de nosotros que venga a través de Cristo, nosotros estamos glorificando a nuestro Padre Dios, pero si queremos entrar con Dios, sin Cristo, no vamos a glorificar el nombre de Dios.

Juan 12:26 “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” Quiere decir que cuando tú sirves a Jesús, quien nos honra es el Padre. El es el que enseña todas las cosas.

Juan 13:26 “Respondió Jesús: A quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón.”

En Jesús hay una sola vida, recta. El que no está con El, desparrama. Somos servidores de Jesucristo, nosotros somos la columna vertebral de Cristo en la tierra. Si nosotros desviamos nuestra fe fuera de Cristo, ya no seremos servidores, porque quien nos honra es el Padre cuando ve que nosotros honramos al Hijo.

Juan 14:3 “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” Aseguranza de la felicidad de la vida eterna. Nosotros podemos ser confundidos por nuestra incapacidad, podemos estar desviados por vanidad, pero nos asegura que si El se fuere, El va a preparar lugar, y va a ser un lugar bueno. Jesús no prepara nada que no sea bueno. Si mi eternidad con el Padre, es felicidad y es gozo, y ese mismo gozo y esa felicidad El la quiere para nosotros. Debemos de cultivar esa bendición para lograr una eternidad segura.

III. TENEMOS QUE TENER UNA UNIDAD CON CRISTO EN DIOS

Porque tú creas en Cristo no quiere decir que vas a botar la eternidad, porque no puede ser; nosotros tenemos que saber que Cristo es un integrante de la eternidad, pero que Cristo fue el Redentor de la raza humana, y que fue Dios, que por amor a nosotros, se propuso de que todos nosotros fuésemos salvos a través del sacrificio vicario de la cruz.

La felicidad cuesta sufrimiento porque a veces hay que dejar lo que nos proporciona economía y entrar, aunque nos cueste, al verdadero camino de Dios, porque hay caminos que los pintan muy bonitos y en tu vanidad lo puedes aceptar, porque es vanidad cuando uno lo acepta, pero la verdadera felicidad cuesta sacrificio, lágrimas y dolor, porque si el Hijo de Dios lo pasó ¿quiénes somos nosotros? gentes del vulgo, que raras veces nos sentimos satisfechos. La única satisfacción es cuando la iglesia lo alaba y lo adora, todo lo demás es pecado. Cuando usted llega a su casa y se enfrenta con todos los de su casa, usted ve el pecado, usted ve lo que no quisiera tener pero lo tiene, porque sus hijos, sus nietos, cuantos errores de nuestras vidas por no haber entendido lo que es liberar la iniquidad de nuestra generación. Entonces, porque somos unos años fieles, queremos recoger rosas y estamos recogiendo espinas, y es lo difícil de poder alcanzar uno la eternidad, pero es la gracia divina quien nos lleva a  estar con Cristo en unidad a Dios.

Juan 17:21,23 “...para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. (v.23) Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.”  Una de las grandes bendiciones de la felicidad que nos espera en la eternidad es encontrar el amor de Dios que sublima el pensamiento, que no puedes tener una idea de cuan grato es el amor de Dios. Si por instante, en un refrigerio de la obra tú te gozas ¿te imaginas estar perenne en la presencia de El? Cuán gratos los dichos de la boca del Padre en el espíritu que llegue a ti; es impresionante acercarnos un poquito con nuestra mente de miseria a la mente de Dios, mente de excelencia, de amor, de eternidad, de expansión, pero el precio para alcanzar la eternidad siempre habrá que dejar algo. Ese es el precio, no hay otro.

Cuando estemos en la eternidad, vamos a tener comunión con todos los habitantes espirituales que hay en El, porque todos llegamos con un espíritu, no llegamos con nuestro cuerpo, pero vamos a tener comunión con todos los habitantes del reino de la eternidad en la felicidad de Dios y su Hijo Jesucristo. ¿Cómo nos gozaremos? Cómo vamos a ver ahora, con nuestros ojos espirituales, que dejan de ser carnales, el que entró al gozo de la felicidad de la eternidad, porque ya perdiste la razón de la visión, ahora tienes ojos en el espíritu, que no se opacan, que no pierden la vista, que no necesitas espejuelos sino que necesitas al Espíritu. Y cuando llegue un conocido cómo te vas a gozar, porque llegó un espiritual a tu casa grande, entonces somos bienaventurados por poder estar en la eternidad, en el gozo del Padre con el Hijo y sentir que somos bienaventurados al poder ver con los ojos espirituales a nuestra familia que llega, aunque tú no tienes parte con ellos porque el Espíritu es uno y cada uno somos independientes pero sí los vas a reconocer.

Hebreos 12:22-24 “...sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”  Esta Palabra es extraordinaria, sobrepasa a todo lo natural. Los espíritus de la primera generación creada por Dios, la generación adámica, ya están en la eternidad. Es una eternidad, un pueblo del Espíritu. En la tierra somos un pueblo en la carne, en los cielos cambia, la carne muere, queda en la tierra y el espíritu, si está en Cristo, va para una ciudad celestial, perfecta; el valor de reconocer a Cristo como el Mediador, a través de su sangre, nos salva. Podemos tener muchos errores en elegir dónde nosotros estamos rindiendo nuestro esfuerzo, pero con Cristo no hay error, el que está en Cristo no tiene error, se le abre el entendimiento, reconoce que tiene que servir dentro de un cuerpo y no se sale aunque le brinden miles y miles, no se vende la fe por un plato de lentejas, ni por un viaje. Esos son los cautivos, los que todavía tienen ataduras de sus generaciones y puede conllevar a caer a toda una familia, como ahora mismo sucedió con este “profeta” que ha sido un fraude pero que ha hecho mucho daño al evangelio. Pero la Palabra que nos dice que “muchos falsos profetas se levantaran y engañarán a muchos” (Mt. 24:11).

Tenemos ya esta experiencia y estamos seguros de esta bendición, de acampar un día en la ciudad celestial. 

No tengamos tanto temor a la muerte sino confiemos, vamos a los brazos de amor del Padre. Una vez que su cuerpo muere, si está en Cristo, su espíritu va al gozo, a la felicidad que Dios nos ofrece con El.

Amén.

 

 

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