EL VALOR DE LA RECONCILIACION POR LA SANGRE

I. DIOS, NUESTRO PADRE, NECESITABA RECONCILIARSE CON NOSOTROS

¿Quién estaba en mayor necesidad el esclavo o el hombre que compró? A veces a nosotros vienen ofertas; unas veces compramos otras veces las dejamos pasar. La persona esclava es la que está en mayor necesidad; el que compra es el que tiene menor necesidad. Sin embargo ¿Cómo es posible que la sangre de Jesucristo nos haya comprado? Ya te está diciendo quiénes éramos los esclavos y quien tenía el dinero para comprar los esclavos. Qué impresionante respuesta es saber que yo fui comprada con la sangre del Cordero; mientras yo no había sido comprada yo era una esclava, pero desde el momento en que soy comprada o comprado ya dejo de ser esclavo.

¿Cómo nosotros podemos entender una palabra tan grande? Dios nuestro Padre necesitaba reconciliarse con nosotros. El pecado nuestro nos separa, Dios que crea al hombre a su imagen, extrañaba lo que El creó, como tú extrañas a tu familia cuando uno parte, así Dios extrañaba su familia que somos TU y YO. El nos necesitaba a tal manera que El necesitaba que el hombre necesitara reconciliarse con Dios, pero ¿a quién usar para una tremenda gravedad del cosmo de Dios? Tenía que usar a alguien de sí mismo, tenía que usar el amor más grande del Padre. Solamente una madre puede saber cuanto ama a un hijo cuando uno de sus hijos parte por un tiempo al mundo eternal. Es ahí donde nosotros medimos el valor de la separación; hay dos niveles de separación, está el nivel de la separación corporal (física) y está la separación espiritual. Cuando alguien muere en Cristo tiene dos separaciones de ti: Está la separación corporal y está la separación espiritual. Ya tú no tienes que alimentar en el espíritu a nadie, ni orar, ni pedir, ni bendecirlos porque ya no son tuyos, hay dos separaciones que duelen. ¿Todo mundo tendrá entendimiento de esto? De que el dolor cuando alguien parte, hablando como cristiana, para la vida eterna, hay dos separaciones: La corporal y la espiritual. ¿Cómo soportar la prueba?

Colosenses 1:19-22 “...por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, (o sea que el Padre podía resolverlo todo, Juez, Señor, Creador toda la plenitud la tenía) y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas así las que están en la tierra como las que están en los cielos, (El tiene la potestad del cielo y la tierra) haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (esta bendición es de precio de sangre. Nadie puede dar esta bendición nada más que el Cordero). Y a vosotros también que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.”

Qué valor más impresionante tiene la sangre que desde el momento de la transformación nuestra nos sacude, nos levanta. Habitamos en el cuerpo de muerte, pero cuando ya nosotros somos presentados santos e irreprensibles delante de Dios es por medio de la sangre.

 La sangre roja del Cordero nos hace blanco delante del Padre. Igual que el cuerpo sufre una transformación y el Espíritu sufre otra, la sangre roja por la cual somos lavados y limpiados sufre otra transformación: Lo rojo por lo blanco y el cuerpo carnal por el Espíritu. Es una química impresionante que solamente Dios Padre puede hacerlo.

Aún cuando el amor de Dios deseaba continuar con el hombre para que dejara el oponente de la eternidad que es el pecado; el oponente del pecado habita en nosotros, aún confesando a Cristo un pecado de veinte años se puede remover dentro de tu cuerpo, y puede volver el mismo pecado a contaminarte de nuevo y tú puedes caer. Las intenciones de Satanás es destruir tu cuerpo porque destruyendo tu cuerpo en pecado  destruye  la vida eterna que está dentro de tu cuerpo.

En la inmensa necedad de nosotros los humanos caemos siempre en la tentación de darle al cuerpo lo que el cuerpo quiere y es por esto que es tan grande la Palabra del apóstol Pablo cuando dice que “el que puede domar la lengua puede domar el cuerpo”. No es pedir ayuda, es entregarle al Señor el dominio de la lengua sobre el cuerpo. El oponente de lo eterno es el cuerpo. Cada cual tiene sus pecados a sus niveles.  Quiere decir que mi pecado no es el mismo que el tuyo, cada cual tiene sus pecados a sus niveles aunque el amor de Dios es permanente.

El amor de ustedes los padres por los hijos es permanente. ¿Cuándo no se ve permanente? Cuando un hijo te golpea; cuando esto pasa suelta al hijo, es como si brincara del vientre por primera vez, se abriera el vientre y lo dejaras que corra. Si lo dejas que corra y no lo paras eres metal que resuena y címbalo que retiñe; es igual que cuando tú abres la puerta y entras de nuevo a tu casa a un culpable. Hay momentos en que ese hijo se va muy lejos para nunca mas saber de ese padre, porque el padre carnal mató el amor del hijo, pero no es así con el Padre que da vida eterna, porque dice la Palabra que es permanente, o sea que por mucho lodo que tú tengas ya llegándote cerca del corazón clamas diciendo: ¡PADRE! y El te dice ¡HIJO! Le dices ¿me sacas de donde estoy? Y entonces vienen las falsas promesas. ¿Ustedes han visto cuando estamos en necesidad como todos prometemos? Y después en realidad ¿nos acordamos de lo que prometemos?

El pecado tiene un efecto doble: Tiene un pecado sobre Dios y tiene un pecado sobre el hombre. Sobre Dios porque Dios es Santo y cuando tú pecas te separas de Dios, y sobre el hombre, que es tu cuerpo y tu género, porque cuando vuelves a pecar, vuelves a tomar la iniquidad ya cancelada. Cuando vuelves a tomar la iniquidad ya cancelada vuelves a ser el mismo hombre de tropiezo para con Dios. El sabe que hay un hijo pidiendo, pero cortó la comunicación porque el pecado corta la comunicación con Dios.

Debido a este efecto de pecado que cae sobre Dios y sobre el hombre es que entonces se proyecta la sangre de Cristo y al proyectarse la sangre de Cristo los ligamentos del pecado se rompen y se vuelve a conectar la santidad con Dios, y el hombre se restituye, ese es el efecto de la química de la sangre del Cordero que es eterna y permanente hasta que El venga.

Romanos 6:23 “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”  En este versículo se resume todo lo que hemos hablado anteriormente.

II. EN EL ANTIGUO PACTO DIOS CONSTITUYO A UN PUEBLO QUE HICIERAN SACRIFICIO

¿Ustedes saben el olor que había en los lugares del matadero donde se degollaban los animales para el sacrificio? Sin embargo, estos sacrificios del antiguo pacto habían que hacerlos una y otra vez. Nosotros ahora somos una bendición dentro del pueblo de Dios porque nosotros conmemoramos en cada comunión el sacrificio de Jesús cuando comemos el pan y tomamos el vino. Ya ese Pacto está establecido no hay otro más superior a ese. El antiguo pacto había que renovarlo cuantas veces el sacerdote quisiera hacerlo por su pueblo. Sin embargo, cuando nosotros entramos en este Pacto de la sangre y podemos ver que en verdad estamos reconciliados es entonces cuando en antiguo pacto se vuelve sombra de lo que hoy tenemos tenemos, no es comparable. Es como cuando tú vives en una casa y esa casa se pone vieja y entonces vas a una nueva, la nueva no es sombra de la vieja.

Hebreos 10:1 “Porque la ley, teniendo la sombra de los vienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.” Te está diciendo que los sacrificios de la ley son insuficientes que era lo que tenía el antiguo pacto; el antiguo pacto se regía por la ley que es lo que Dios enseñó a Moisés que estableciera, pero que son insuficientes. Hoy en el mundo de la gracia donde nos ha tocado a nosotros vivir, y damos gracias a Dios, no tenemos que hacer ningún sacrificio. Los rezos, las velas encendidas, los inciensos, las flores, los rosarios no tienen validez para nada, son insuficientes. Tú puedes llevar flores al cementerio a quien tú quieras, pero es insuficiente. El pacto que es suficiente es el de Cristo para toda una eternidad hasta que El venga por nosotros, porque una vez más dice la Palabra que “Cristo murió una sola vez para siempre”.

Hebreos 10:10 “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” Qué triste es cuando tú traes una ofrenda económica y te duele darla, cuando El ofrendó su vida por ti, porque si no lo piensas así estás mal. Nosotros somos una individualidad de Dios. Yo soy una persona fuera de tu contexto, tú eres una persona fuera de mi contexto. Cristo es una individualidad de Dios para tu vida, para tu salvación, El se ofreció por ti, tú te tienes que ocupar de que tus hijos conozcan quien tiene la llave para la entrada de la casa eterna; tú no la tienes, yo no la tengo, la tiene el Rey de reyes y Señor de señores.

Con esta palabra de Hebreos 10:10 se puede evangelizar toda una vida; suficiente palabra para llevar a los tuyos y decirles “esta es la vida”, “esto es lo que tú estás desperdiciando” “esta es la verdad que no conoce el mundo pero yo la conozco porque yo estoy en esta verdad, es mi pasión que la conozcan”.

Hebreos 10:12-14 “...pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”  Es por eso que podemos decir que la iglesia estaba en Cristo en el calvario, quien no entienda eso no entiende nada del Espíritu. Es por eso que yo prediqué que hay dos Israel: El Israel físico y el Israel espiritual y les dije: Cristo viene al Israel físico y nosotros nos llegaremos al Israel espiritual. Físicamente El vuelve de donde El estuvo, de donde El fue, es un principio, pero nosotros somos el Israel espiritual, los creyentes en El; la iglesia siempre estuvo en Cristo, El ofreció ese sacrificio, es el medio, es la comunicación, es el puerto, es el agua, es la sangre.

III. DIOS NOS DA UNA NUEVA OPORTUNIDAD DE RECONCILIACION

No mas pecado, no mas debilidad, no mas añoranza de un mundo que no te ha dado victoria.

II Corintios 5:18-19 “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.”  Si tú no te reconcilias en el momento de tu caída cambiaste la brújula; esto es para los que dicen que “la salvación no hay que cuidarla”.

IV. LOS GENTILES NO ESTABAN INCLUI- DOS EN LA FAMILIA DE DIOS

En el tiempo de Cristo los gentiles (nosotros) no estábamos incluidos en la familia de Dios porque no entramos en este primer pacto de la ley. Según el Antiguo Testamento, nosotros como gentiles, no pactamos; al no pactar como tribu en la ley establecida por Moisés nos separaron del pacto primero. Como gentiles ya existíamos, nos movíamos, olíamos el pacto y la ley pero no entrábamos, eso existe todavía en Israel. Entramos como cristiano, nos huelen, nos ven pero no nos hacen parte de ellos, porque ellos están en el primer pacto y nosotros reconocimos el segundo  pacto. Ellos nos reconocen como los “alejados de la ciudadanía de Israel ajenos de los pactos de la promesa”; ellos están esperando la promesa del Mesías, nosotros tenemos ya al Mesías, entonces es lógico en la ley de ellos la separación.

Si nosotros, según ellos, estamos alejados de la ciudadanía del pueblo de Israel, estamos sin Dios y sin esperanza.

Efesios 2:12 “En aquel tiempo estabais sin Cristo,  alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.”   Existen dos pueblos: El pueblo del primer pacto y el pueblo del segundo pacto, que nosotros somos los gentiles del segundo pacto por la sangre de Jesucristo. Existe también en el mundo actual que si tú eres un idólatra tú estás en el primer pacto.

¿Cuántas iglesias hemos visitado que todavía están en el primer pacto? Cuando tú entras a una iglesia evangélica entras a una iglesia del segundo pacto, en el pacto vivo y eficaz de la sangre del Cordero que te da la eternidad para siempre, inmarcesible. Entonces ¿No somos tú y yo un privilegio de Dios en el llamado como gentiles?

Por eso tenemos que adorar y amar tanto a Cristo porque en la sublimidad de su grandeza estaba la sabiduría de Dios Padre y Dios Espíritu Santo “... porque mediante la sangre de su cruz estos dos grupos judíos y gentiles fueron hechos uno derribando la pared intermedia de separación para mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo matando en ella las enemistades” (Efesios 2:13,14,16).

Qué impresionante es nuestra salvación

V. ¿QUE QUITA LA SANGRE DE CRISTO?

La sangre de Cristo quita las hostilidades . Cuando tú tienes una hostilidad, una reserva con una persona, es porque tú dudas de la integridad de esa persona; tú no puedes decirle a esa persona lo que tú piensas, lo que tú quieres, te cuidas mucho de decirle lo que tú haces. A eso se llama hostilidad de espíritu. ¿Qué hizo Cristo en la cruz? Rompió de ambos pueblos (judíos y gentiles) la hostilidad que los hacía chocar de ambos pueblos. Les da la oportunidad a los judíos de hacerse salvos en su nuevo pacto y nos da la oportunidad a nosotros de conocer la grandeza de su reino sin odiar a los que no le creen a El.

Hasta que no creas en el Mediador no puedes tener santidad porque la sangre del Cordero cuando tú llegas frente al Padre te hace sin mancha, dejas de tener la sangre roja y se convierte en la Santidad purísima que hay en la presencia de Dios.

¿Cuántos años de negociación en la creación tuvo Dios con su Hijo para que fuera el Mediador?

Hebreos 9:15 “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.”  Aceptó la negociación de Dios que hizo con El. Tú vas a ser Abogado de esa joya que yo he diseñado que es el hombre.

Ahora tenemos más seguridad de que sin Cristo no tenemos salvación. Tenemos mas fuerza, mas convicción en nuestro conocimiento, mas seguridad en el segundo pacto. Nosotros somos judíos gentiles del segundo pacto, por esto debemos de dar gracias a Dios por estar en el segundo pacto y no dejar de orar por los que todavía están en el primer pacto. La humanidad siempre ha necesitado un Mediador.
Amén

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