EL HIJO PRODIGO, UN TIPO DE PECADOR REDIMIDO

Qué es el hijo pródigo? Es una historia completa de ruina y reconciliación; es una historia que es paso descendente de un hombre y pasos ascendentes del mismo hombre. Nuestro Señor Jesucristo describe al padre que le coloca el anillo de reconciliación en la mano del hijo que regresa.

¿Y si yo les dijera que todos estamos en lo que ahora vamos a asimilar paso a paso en esta posición bíblica? ¿Cuántos de nosotros, como hijos, por nuestra obstinación hemos hecho daño a nuestras familias? Nuestra obstinación de persistir en lo que queremos hacer, sin contar ni con papá, ni con mamá, ni con nadie, sino en lo que nosotros solamente queremos hacer.

I. OBSTINADO

¿Por qué este hijo pródigo era obstinado? Lucas 15:12 “...y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.”  El no quería que su padre administrara sus bienes sino que él mismo los quería administrar. El quería en vida sus bienes, en su juventud.

Este tipo de hijo es el tipo de pecador más consumado que hay entre todos los hijos. El quería la parte que le pertenecía, era muy obstinado. Todos, de una manera u otra, hemos rozado la obstinación, no importa lo que otros digan o piensen, hacemos nuestra voluntad. Esta es una parábola que nos tocará siempre a toda generación.

Lucas 15:13 “No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.”   Ya entró el egoísmo. ¿Cómo Dios puede ampliar las bendiciones en un hijo egoísta? Porque este hijo cogió la herencia y no pensó en su padre, que era un anciano, ni en el hermano que tenía, ni de los patrones que cuidaban la hacienda de su padre y no ayudaban a él. El fue egoísta, no pensó en nadie. Y cuántos hijos nuestros, criados por abuelos, cuando ya tienen movimiento de dinero no recuerdan a quien dejaron atrás. No se acuerdan de los que estaban a su lado cuando se enfermaba. Pero ahí va la enseñanza del hogar. Donde hay corazones agradecidos, puedo asegurar, como Pastora y como madre, que no hay egoísmo, el egoísmo viene de hijos consentidos, y un hijo consentido no ha preparado un corazón generoso, sino un corazón obstinado y avaro, todo es poco para sí.

Tiene también este versículo la trayectoria de que no puede ejercer la sanidad, porque la sanidad de su alma la hubiera podido ejercitar si no se hubiera ido de esa provincia, se fue lejos, para no ver a sus amados ni de cerca, ni que lo vieran a él. Cuántos vienen a este país, donde en sus hogares fueron hijos buenos y sanos, padres de familia, y se encuentran aquí con un libertinaje tremendo, se hace dueño de su tiempo y su familia y se olvida de los compromisos y las herencias que dejaron en sus países. Este hijo pródigo sigue siendo látigo a nuestras carnes diariamente.

Lucas 15:14 “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.”  Cuando hay hambre puede venir la destrucción espiritual; cuando yo veo que una persona está perdiendo su trabajo, su economía, es por lo que más oro, porque en el hambre y en la miseria viene la destrucción espiritual.

Por un hombre Dios manda sequía y hambre, por eso tenemos que tener mucho cuidado en lo que entramos a nuestros hogares. No porque seamos cristianos somos los mejores. Este joven se encontró que Dios mandó a esta provincia una sequía y una hambruna para todos, por un hombre.

Lucas 15:15 “Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.”  El se humilló a sí mismo, porque al ir a otro hacendado a que lo empleara. teniendo una hacienda, era una humillación; ya su labor no era como hijo de un hacendado, sino como cualquier empleado. Aquí estuvo la primera humillación del hijo pródigo. Es como cuando tú regresas de la universidad sin título y le dices a tu padre: “Derroché todo lo que tú me diste, perdóname.”, pero ya te quedaste sin carrera. Dios perdona, pero te quedaste sin un fruto.

Lucas 15:16 “Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.”  Al tener tanta hambre, a veces deseas comer lo que nunca te ha gustado en tu vida. En primer lugar estaba cuidando cerdos y en segundo lugar estaba comiendo de lo que comían los cerdos, maldición según la tradición de ellos para sus cuerpos. El hambre de este hombre era completa.

II. ¿CUANDO COMIENZA LA RECONCILIACION?

¿Cuándo comienza la reconciliación de este hijo? ¿Cómo Dios lo deja que pase por la humillación espiritual y física? Dios le enseñó lo que era trabajar y pasar hambre.

Ya en esta transición de la vida, que cualquiera de nosotros podemos pasar en donde quiera que estemos, llega un momento en que nos paramos, reconocemos que algo anda mal en nosotros, levantamos la cabeza, el orgullo se baja un poco, la vanidad se cancela, la opresión demoníaca se va disipando y entonces clamamos a Dios y empieza la reconciliación.

Lucas 15:17 “Y volviendo en sí, dijo: !Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”  Aquí comenzó la reconciliación. ¿Cuántos padres quisieran que sus hijos se reconciliaran con ellos? ¿Cuántas rebeliones hay en los hijos? y no porque sean pequeños no tienen rebeliones. Hay niños chiquitos que ya tienen rebeliones. A veces ellos no quieren estudiar, no quieren hacer la tarea, y no son solamente rebeliones espirituales, porque a veces la incapacidad intelectual los hace rebeldes. Hay que tener mucha conciencia y conocimiento del porqué un hijo se vuelve rebelde dentro del seno familiar. Hay que buscar, indagar para ayudar, para sanar, para corregir, para levantar; y si hubiere transferencias demoníacas de revelación suya a un hijo, entonces tiene que comenzar por usted a liberarse, a relacionarse con la Palabra y a tomar control de su vida. Y después que hay un reconocimiento de lo malo que hemos hecho, que comienza la reconciliación, viene una resolución. Sin reconciliación no hay resolución.

Lucas 15:18 “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.”  Esta es la resolución: La confesión. La resolución de un hijo rebelde, de un hijo redimido es la resolución de la confesión. Quizás estés pasando por esto o hayas pasado por esto y nunca has hecho una confesión, tal vez porque no sabías o no entendías hasta que Cristo toca a tu puerta y te enseña los fallos de tu vida en donde aún no le has pedido perdón a El. Esta parábola es vigente para el género humano por todos los siglos hasta que Cristo venga en su segunda venida.

Cuando hay una resolución en algo pecaminoso en tu vida es porque hay un arrepentimiento, y cuando hay un arrepentimiento es cuando tú ves con la luz de Cristo las cosas que tienes que hacer, o sea que el arrepentimiento te ayuda a entender.

Lucas 15:19 “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.”  El pensamiento de este joven era: “Yo voy a regresar, pero no quiero que me trates como el que está contigo; quiero que me trates como a un jornalero porque es lo que yo me merezco. Despilfarré todo lo que me diste: moralidad, principios, educación cristiana, fe, amor al prójimo y el esfuerzo tuyo. Todo lo destruí, pero regreso a ti sabiendo que he pecado y que tú tienes misericordia de mi.”  Qué bueno que esa misericordia incondicional la tenemos siempre de nuestro Padre. Perdemos las bendiciones, vamos a El, nos vuelve a reconstruir. Maltratamos las bendiciones, nos las vuelve a dar. Cuando tú reconoces, como el hijo pródigo, tu error, Dios restituye. Mientras no reconozcas, no hay restitución.

Lucas 15:20 “Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.”  El padre recibe a un pecador reconciliado. ¿Acaso no somos eso tú y yo? ¿Acaso el Padre no nos recibió cuando aún éramos pecadores? Y ahora tú y yo, por la gracia de Jesucristo, estamos en la reconciliación del Padre.

Sin Cristo no hay reconciliación. Y este padre estaba esperando el regreso del hijo perdido. Dios, en su justicia infinita veía que todas las tardes el padre salía a la puerta de su hacienda a esperar el regreso del hijo perdido. Qué importante es saber, que tú como padre, vas a tener de acuerdo a lo que esté en tu corazón. Si tú no lo quieres más como drogadicto, no regresa; si no la quieres como prostituta, no regresa; si no la quieres como lesbiana, no regresa. Ahora bien, si tu corazón anhela el regreso, Dios te lo entrega, y te lo entrega sano, porque no hay amor más grande que el de un padre terrenal. Desde luego este amor nunca sustituye al del Padre Eterno.

III. ¿QUE SUCEDIO DESPUES QUE LLEGO?

Lucas 15:21-22 “Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.”  ¿Qué trae una reconciliación? Nuevas ropas, todo nuevo, en lo espiritual y en lo material. Es tanta la alegría del padre por el hijo que regresó que manda a los criados a traer ropa y un anillo.

Lucas 15:23-24 “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.”  Te imaginas cuando una vida se salva, se entrega al Señor, deja su mundo anterior para tratar de comenzar a vivir una vida nueva en Cristo, con nuevas ropas, ¿y cuánto le cuesta al recién convertido tener todos los días ropa limpia? No es fácil, pero si nosotros oramos, lo recibimos con regocijo, lo alimentamos, lo ayudamos, esa vida, como cualquiera de ustedes y yo, se vuelve hambrienta de ese Dios.

Romanos 5:1 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;”  Una de las piedras preciosas que podemos tener delante de Dios es a través del Hijo. Aquí hay un símil entre el Padre Eterno y el Hijo. El Hijo se desprende de las riquezas eternas del Padre para hacer morada con la miseria de nosotros los terrenales; y en esa ofrenda de cuerpo del Hijo trae una joya a la humanidad en el anillo eterno de Dios, y es paz.

Romanos 5:2 “...por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.”  El hijo pródigo tuvo acceso a la casa de su padre porque el padre lo anhelaba. Nosotros ahora tenemos acceso a la casa eterna de Dios porque el Hijo pagó el precio por nuestro acceso.

Romanos 5:3 “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;”  Nosotros podemos tener el gozo de la esperanza, el gozo en el sufrimiento. No hay nada que ejecute más paciencia que el sufrimiento. El hijo pródigo tuvo el trabajo aberrante para su raza de estar con cerdos y algarrobas. El Hijo Divino de Dios tuvo que someterse al sufrimiento de nuestros pecados en la tierra, y tener paciencia con la equivalencia de generaciones en doce hombres, los apóstoles, que era el sumario de las generaciones.

Romanos 5:4 “...y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;”  Y la prueba trae también algo más: Perseverancia. Qué bueno que haya ejecutadores de fe, fieles dentro de una congregación donde conozcan el sentido de las pruebas para nuestras vidas.

Romanos 5:5 “...y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”  El amor del padre no ahuyentó la reconciliación del hijo pródigo, sino que le costó porque tuvo que enfrentarse con el hijo mayor y explicarle por qué el hijo menor iba a ser festejado.

Las piedras preciosas de nuestro anillo en la reconciliación de Dios junto con el hijo pródigo se encuentran en estos versículos, y es ahí donde todos debemos de beber para reconciliarnos, porque todos tenemos que alcanzar la reconciliación.

Amén.

 

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