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EL CONCEPTO DEL MESIAS SEGUN EL EVANGELIO DEL APOSTOL MATEO
De los cuatro evangelios, el que escribió el ex-publicano llamado Leví, a quien se conoce también por el nombre de Mateo en el Nuevo Testamento, es el que nos presenta la vida de Cristo dentro del marco de la atmósfera antiguo-testamentaria.
De acuerdo a lo que nos dice este evangelio, Jesús fue el Mesías judío que descendió de Abraham, el padre de la nación judía, y dentro de los límites un poco más estrechos, descendió del rey David. En particular se nos hace ver que Jesús fue el Rey Mesiánico.
Muchos de los incidentes de la vida de Jesús habían sido predichos por los profetas. Miqueas había hecho ver que nacería en Belén de Judea; Jeremías había dicho lo que vino a ser la gran matanza de niños, por Herodes.
Oseas había predicho el regreso de Egipto, Isaías había predicho la venida del heraldo de Jesús, así como su obra de misericordia al sanar enfermos; también la manera como evadiría la publicidad. Su enseñanza por medio de parábolas había sido predicha por el salmista, y la incapacidad del pueblo para comprender dichas parábolas también la hizo ver el profeta Isaías Zacarías habló de la entrada de Jesús como Rey a Jerusalén y del uso que se daría al dinero por el que se le había traicionado. Luego, la traición de que sería objeto, la deserción de parte de los suyos y muchos de los incidentes de su muerte y sepultura habían sido cosas predichas en las Sagradas Escrituras.
Todas estas cosas aparecen referidas en este Evangelio que ha sido puesto a la cabeza de la lista de libros del Nuevo Testamento; y se nos enseña que Jesús era el Mesías de que hace mención en todo el Antiguo Testamento, razón por la cual descendía tanto de David como de Abraham. Esto nos lleva a entender que se nos da el concepto mesiánico en el evangelio de Mateo.
La línea ancestral se elevó al poder monárquico en la persona del rey David, pero perdió su dignidad real durante el tiempo de la cautividad. Sin embargo, dicha calidad fue recobrada en la persona de Jesús, el Mesías; por lo cual, Jesús nació como Rey de los judíos, entró en Jerusalén como su Rey y murió reclamando poder real para sí.
Hay tres aspectos de la obra mesiánica que están representados en el evangelio de Mateo:
PRIMERO: La obra de predicación y de sanar a los enfermos, que constituyó una especie de preparación para el reino venidero.
SEGUNDO: La reaparición de Jesús al final de la era, cuando El vuelva para inaugurar el Reino.
TERCERO: Su muerte, la cual era, desde un punto de vista, una fase necesaria en el desarrollo del propósito divino.
Si el Hijo del Hombre había de aparecer en las nubes del cielo, en su reino, antes debía retornar a su Padre en el cielo para ser investido con la gloria divina. De esta manera, el Hijo del Hombre tenía que sufrir. “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”
(Mateo 16:21), cosa que era parte del divino; “Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:23); y había sido profetizado “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 16:24-25).
Pero algo más que el eslabón necesario en la prevista cadena de eventos, pues tenía un aspecto redentor, la sangre de Jesús fue derramada por muchos para que los pecados fueran perdonados. “...porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (Mateo 26:28), y este derramamiento de sangre significaba la ratificación de un pacto entre Dios y el hombre. “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mateo 26:29).
La idea central de esto es que la muerte del Mesías ha de ser considerada como el sacrificio que ha hecho la propiciación por nuestros pecados de una vez y para siempre. Podemos decir que el Mesías vino con el propósito de “dar su vida en rescate por muchos”.
Mateo 20:28 “...como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”
El concepto que nos da Mateo acerca del Mesías es básicamente de salvación o mejor dicho de Salvador. La salvación, inclusive, que aquí se habla es de manifestarse por medio del Mesías, no solo para Israel, sino para todos los que creyeran en El.
El perdón de los pecados es un concepto central en el mismo Antiguo Testamento, pues la situación crítica del hermano consiste en su separación de Dios. Esto también está claro en el Nuevo Testamento.
Pero la respuesta del apóstol Pedro en Cesarea de Filipo es la que ilumina el panorama de manera singular: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente.” (Mateo 16:16).
Tenemos la fuerte impresión de que pedro dijo algo que estaba muy por encima de su comprensión. Cuando dijo que Jesús era el Hijo del Dios viviente, estaba declarando el concepto que tenía de momento sobre la naturaleza del Maestro.
Es innegable: Jesús vino para revelarnos como el Mesías prometido, y a raíz de su bautismo, fue el que comenzó a desarrollar su ministerio mesiánico que tuvo como primera prueba la tentación en la cual El luchó con el problema de lo que su mesianazgo involucraba.
La aceptación absoluta que Jesús hizo de la confesión del apóstol Pedro en cuanto a su identidad, nos revela con claridad la convicción que Jesucristo tenía que ser nuestro Mesías.
Es muy interesante que en este evangelio también se nos presenta a Jesús enseñando que la función mesiánica incluye la fase meramente apocalíptica: “De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, vosotros que me habías seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Mateo 19:28).
O sea, la faz del Mesías que nos presenta aquí el evangelio es la de una autoridad absoluta, y dando autoridad a quienes escogió como apóstoles; y no podemos negar que el lenguaje que se usa en algunas porciones del evangelio nos enseñan que el Mesías tendrá autoridad hasta el fin.
Una de las cosas más bellas que nos encontramos son las descripciones que se nos dan del Mesías. Fueron medios eficaces para hacerle saber al pueblo quién era El, y son los mismos medios que Dios usa hoy día para hacernos saber quién es el Mesías.
Algo muy hermoso es la enseñanza que se nos da acerca del Reino. Es un Reino que golpea fuertemente todos los conceptos que tenemos, basados en los reinos humanos a los que estamos acostumbrados.
El Mesías Rey, pero reinando a través y por medio de servidumbre: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar si vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:25-28).
Dicho de otra manera, el reino que el Mesías vendría a instituir sería de amor y buena voluntad para con todos los seres humano; un reino que nadie sería excluido. Los humanos padecemos del mal de la exclusión de quienes no nos parecen de nuestra misma clase social, y este es un fenómeno que se ve en algunas iglesias.
Pero de Jesús se nos dice que “Cuando vio a las multitudes tuvo compasión de ellos, pues estaban desamparados como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36).
Mateo usa esta frase para designar a la gente común y describir la condición religiosa de ésta: azotada, importunada, abusada de parte de los religiosos que les enseñaban y que los obstaculizaban de entrar al reino de los cielos.
Aquel pueblo llevaba sobre los hombros las pesadas cargas que los fariseos les habían impuesto llegando hasta el extremo del desaliento y la desmoralización que los hacía caer en la práctica de ciertos vicios.
A esos vio Jesús, como Mesías que era, y tuvo compasión de ellos, y solo vio en ellos el objeto de la gracia, cosas que convendría que nosotros viéramos, ya que en tantas ocasiones decimos predicar la gracia divina, pero actuamos como fiscales de la desgracia humana, señalando a la gente con el dedo, acusándola de indigna.
¡Claro que todos somos indignos! Y por ello fue que el Mesías tuvo que venir a la tierra. El dijo: “La mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37)
Para el Mesías la mies consiste en todas las clases sociales y todas las razas.
Bendecidos somos a través del Mesías.
Amén.
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