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DEBILIDAD.
I. TODOS TENEMOS DEBILIDADES
Si todos miráramos la palabra “Debilidad” y pudiéramos pensar que dentro de ella, está en nosotros esta palabra. Si por un momento fueras tú tan hábil de decir: “Yo conozco mi debilidad”.
Si reuniéramos a la iglesia y preguntáramos: ¿Cuál es tu debilidad? Nadie te lo va a decir, pero hay un problema mayor: Hay un ochenta y seis por ciento que nunca ha pensado cuál es su debilidad, y ahí es donde radica la convicción de que somos pecadores.
Tenemos tantas debilidades en ciertas áreas que no tenemos visión para decir: “Por ahí no voy porque ahí hay algo que está mi debilidad.”
Todos tenemos debilidades. Está la debilidad del jugador vicioso, que juega hasta venderlo todo. Está la debilidad de la vanidad, nos sentimos hermosos, nos sentimos lindos, creemos que sabemos mucho, que nadie “me puede llamar la atención porque mi papá nunca me la llamó”, que tengo una debilidad compulsiva cuando voy a las tiendas, que tengo la debilidad de no escuchar los consejos por el orgullo, cualquier debilidad podemos tener.
Está también la debilidad de dar con o sin razón, porque muchas veces damos y no hay necesidad de dar, luego te vas a ver afectado. Eso es una debilidad sin razón. Con razón, es cuando hay una necesidad y tú das. Algunos, que se creen con el derecho de que tú siempre tienes que darle, y el día que decimos que no podemos darles se ofenden porque ellos entienden que tú siempre tienes para dar. Nosotros tenemos la debilidad de pensar que somos “muy buenos”, que nos lo merecemos todo. Hay muchas debilidades.
Están las debilidades orgánicas que nos conllevan a grandes pecados porque nos sabemos refrenar nuestros instintos con nuestros deseos.
Números 11:14 “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.” Moisés tenía la debilidad de hacerlo él todo, y no se buscaba quien lo ayudara, hasta llegar, el peso de la responsabilidad, a derrumbar su vida.
¿Por qué nosotros en un hogar, a los niños a cierta edad ya les mandamos que hagan ciertos trabajos como sacar el latón de la basura, cortar la hierba del patio, ayudar a pintar, ayudar a cargar los paquetes del supermercado? Esto no es un abuso, esto es organización. Debilidad tuya fuera no mandarlos; debilidad de una autocompasión falsa.
Ustedes pueden observar en su familia quién trabaja y quién no trabaja. Si tú eres débil para el trabajo no vas a saber ordenar a los que no trabajan, porque tienes una debilidad.
Mateo 26:40 “Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?” La debilidad de este grupo no hizo posible la intercesión de oración que el Maestro necesitaba de los suyos. Muchas veces nosotros, por ir a la cama, por acostarnos, dejamos de orar por algunos de los nuestros y luego nos pesa cuando llegan los acontecimientos. Si el Señor pone una y otra vez la imagen de alguien en tu mente, si tú eres cristiano y eres del Espíritu, te está diciendo: ORAME. El te presenta la imagen de esa persona para que ores.
Cuando algo pasa y yo ya he orado por eso, yo estoy muy conforme porque no dejé de hacer lo que me advirtieron. Cuando he dejado de orar por algunas cosas que me advirtieron, me duele, porque me siento responsable de esto.
Juan 16:12 “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.” Cuando Jesús vio a este grupo que se durmió, esto fue lo que pensó: “Si ellos supieran por donde voy a pasar”, pero ahí estaban las debilidades de ellos.
Si El les dice: “De aquí a ahora cuando me lleven, voy a sufrir el tormento de la cruz, tú Pedro me vas a traicionar, el gallo va a cantar tres veces, tú lo vas a oír, te vas a arrepentir, vas a llorar amargamente,” ellos simplemente no hubieran podido sobrellevar todo eso.
Yo a veces cuando tengo mis conferencias le digo a algunos: “Yo estaba advertida por Dios”, ellos me preguntan: ¿Y por qué no me lo dijo? Porque tu debilidad no te iba a permitir razonar. Tuviste que pasar el golpe, y con el golpe, ahora te lo puedo decir, porque ahora oyes y entiendes. A Jesús le pasó lo mismo con los discípulos. El les dijo: “Orad y velad porque mi hora va a llegar”.
Ellos aunque oyeron esas palabras no las entendieron y cuando se recostaron en aquel lugar, El salió fuera de ellos, pero les advirtió: “Orad por mí”, pero ellos no lo hicieron. Aún en el mismo hecho El responde de esta manera: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.”
Por nuestras debilidades, el Señor es incapaz de decirle a una madre: “De tus tres hijos, a cierta edad me voy a llevar a uno de ellos” No puede, porque empiezas a llorar desde ahora hasta el tiempo en que Dios se lo lleva, o empiezas a gemir y tú no sabes el plan de Dios. Tú no sabes si es mejor que un hijo tuyo, a cierta edad, el Señor se lo lleve en salvación, que muera siendo adulto y no esté en salvación o que haya perdido la salvación. Espero que entiendas esto. La madre que pierde un hijo no es fácil entender esto. Tenemos que madurar en la fe para entender que un hijo o un nieto, a veces Dios se lo lleva en salvación para que tú lo tengas por siempre a tu lado.
Esto es doloroso, porque en nuestra debilidad materna no queremos que mientras vivamos nos lleven un hijo ni un nieto, mas Dios no mira como tú miras, Dios mira que más dolor tú vas a tener en la eternidad cuando le preguntes a Dios: “¿Y mi hijo, dónde está? Y tu hijo esté en el infierno donde ya no puede regresar.
¿Cómo entender el proceso del plan de Dios? Solamente los que lo buscamos, solamente los que entendemos el amor de Jesús.
esto. Tenemos que madurar en la fe para entender que un hijo o un nieto, a veces Dios se lo lleva en salvación para que tú lo tengas por siempre a tu lado. Esto es doloroso, porque en nuestra debilidad materna no queremos que mientras vivamos nos lleven un hijo ni un nieto, mas Dios no mira como tú miras, Dios mira que más dolor tú vas a tener en la eternidad cuando le preguntes a Dios: “¿Y mi hijo, dónde está?” Y tu hijo esté en el infierno donde ya no puede regresar. ¿Cómo entender el proceso del plan de Dios? Solamente los que lo buscamos, solamente los que entendemos el amor de Jesús.
1 Corintios 3:2 “Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,”
Cuando nacemos no comemos nada sólido, porque estamos sin ejercer la traquea, no podemos tragar lo sólido, el paladar tiene que desarrollarse, los intestinos tienen que solidificarse, entonces lo único que podemos llevar a nuestros cuerpos por un período de dos a tres meses es leche. Así es el evangelio. El evangelio es un alimento tan fuerte y nos va a servir en todas nuestras debilidades por siempre, que cuando nosotros entramos al evangelio, entramos como niños recién nacidos, y nos comienzan a dar gotitas de leche, hasta que vamos cogiendo el camino, el sabor, la conducta, y va trenzando su vida en la fe, en el amor, en la seguridad de que aun, perdiéndolo todo puede comenzar de nuevo, perdiéndolo todo podemos comenzar de nuevo.
Solifica la reacción de Dios en nuestras debilidades, usa a Jesucristo su Hijo que consolida nuestra vida y cancela nuestras debilidades. El temor de perder un ser querido se va, la seguridad de que tiene que alcanzarlo el evangelio para verlo por toda la vida es eficaz, y los temores se echan fuera en nuestras debilidades y sabemos que para tener la eternidad, tenemos que llorar mucho, desprendernos mucho para alcanzar lo eterno, porque hay dos grandes bendiciones en el plan de Dios: La segunda venida que la vamos a ver y a oír, y el milenio que vamos a vivirlo con los nuestros vivos. Si crees en tu debilidad de fe y de credibilidad en la certeza del Dios vivo que el morir es término, estás muy equivocado; el morir es un paso a lo eterno, tan simple como esto, y nos esperan grandes proyectos de Dios después que morimos.
O sea que estamos temporalmente en un globo atmosférico, terrestre, geográfico, pero estaremos en una tierra donde geográficamente el único que la conoce se llama Jesucristo, y sabe dónde tú tienes tu hacienda. Nunca te canses de orar, porque tú no sabes hasta dónde tu oración alcanzó la fuente.
II. EL HOMBRE, EN SU DEBILIDAD, PIENSA QUE NO DEPENDE DE DIOS
El hombre piensa que no depende de Dios, yo te puedo asegurar que el hombre depende de Dios.
Cuando un hombre examina su vida y piensa: Dónde Venida, que la vamos a ver y a oír, y el milenio que vamos a vivirlo con los nuestros vivos. Si crees en tu debilidad de fe y de credibilidad en la certeza del Dios vivo que el morir es término, estás muy equivocado; el morir es un paso a lo eterno, tan simple como esto, y nos esperan grandes proyectos de Dios después que morimos.
O sea que estamos temporalmente en un globo atmosférico, terrestre, geográfico, pero estaremos en una tierra donde geográficamente el único que la conoce se llama Jesucristo, y sabe dónde tú tienes tu hacienda. Nunca te canses de orar, porque tú no sabes hasta dónde tu oración alcanzó la fuente.
El hombre piensa que no depende de Dios, yo te puedo asegurar que el hombre depende de Dios. Cuando un hombre examina su vida y piensa: Dónde resido, cómo me crié, cómo me criaron, cómo viví, cómo vivo, lo que hice para tener mi familia, lo que tengo hoy de familia, tú coges un borrador y dices: Voy a quitar de mi historia este tiempo, porque en ese tiempo cometiste debilidades que hoy en Cristo, no las quisieras recordar. Empiezas a borrar, y hoy con la Biblia entre tus manos, con el oído abierto a la Palabra, a la orientación espiritual, pensamos que aunque éramos débiles hoy somos fuertes; pero pensamos algo más: Pensamos que “Yo soy ahora una dependencia de Dios” y como Dios no es débil, Dios, nuestro Dios, nuestro Padre, es un Dios fuerte. Tú dices: “Yo ahora en mis debilidades soy fuerte.” Ahora te das cuenta que eres tan importante, que la sangre de Cristo fue derramada en el calvario por nuestras debilidades.
II Crónicas 20:12 “!Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.” Esta es una vida con dependencia de Dios.
Cuando tú tienes un temor, ya sea físico. O moral o personal ora al Señor y El te quita el temor y tu coges paz. Cuando hay un temor espiritual esto es más fuerte; el temor espiritual, por un problema, agudiza en tu vida el ayuno, la vigilia.
El ayuno mejora nuestros intereses espirituales, pero Dios es el que determina la acción de la bendición.
A veces, nosotros ponemos en nuestra mente una carga por nuestra incapacidad de trabajo y de fe. Esa carga crea en nosotros un agotamiento y cuando ese agotamiento viene no tenemos fuerza, tenemos que salir a buscar guerreros, intercesores, profetas, pero cuando t1? Recapacitas y dices: “El Señor es mi escudo y mi fortaleza” y le pides ayuda para pasar el proceso con El, las situaciones cambian y te hace menos agudo el dolor, y en medio de las situaciones que vas a resolver, cualquier problema, El te lo hace pasar mejor.
Salmo 127:1 “Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.” Dependencia de Dios. No podemos vivir en el pasado de nuestras debilidades, tenemos que vivir en el presente de nuestra existencia, en el país, en la habitación, en el lugar geográfico espiritual donde te encuentres. Antes tú eras pero ahora vives. La providencia protectora de Dios es la que los temores, las debilidades nuestras nos las levanta.
Jeremías 10:23 “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.” Nosotros somos dependientes de Dios. El te dará el mejor carro, la mejor casa, de acuerdo a tus recursos; dará para tus hijos la mejor escuela de acuerdo a tus capacidades. Las debilidades nuestras restan bendiciones.
Cuando seas débil levántate, sé fuerte, y depende solamente de Dios. Tendrás tú victoria.
Amén
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