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Debemos Anunciar El Evangelio..
I NO HEMOS SABIDO USAR LAS ARMAS
A veces creemos que podemos evangelizar y que tenemos un corazón dispuesto para evangelizar, pero no tenemos las herramientas para evangelizar.
Vemos entonces que no hay productividad. Si nosotros vamos a sembrar un terreno, tenemos que saber a qué profundidad debemos de sembrar la semilla para que cuando venga la lluvia o vengan los pájaros la lluvia no se lleve la semilla o los pájaros no se coman la semilla.
Qué ha pasado en la iglesia del siglo XX que hemos lanzado la palabra de salvación, pero no hemos tenido productividad. La respuesta es que no hemos sabido usar las armas.
Una de las armas más eficaces que yo he tenido es creer que tengo un Salvador llamado Jesucristo. Cuando yo voy a una persona para hablarle de la salvación, yo soy muy neutral y digo: “Fuera de Jesucristo no hay salvación”. Tú puedes adorar lo que tú quieras, puedes tener lo que tú quieras, pero Cristo es el Camino, y la Verdad y la Vida y nadie va al Padre si no es por El.
II HERRAMIENTA DE FE
Cuando tú tienes una herramienta de fe, esa herramienta de fe te sirve para proclamar el evangelio de salvación; va directo a la mente, la mente lo lleva al corazón, el corazón lo computa el Espíritu y el Espíritu lo saca para que tú lo ministres.
No es lo mismo llevar un evangelio ministrado a un evangelio seco. Sin el arma del Espíritu Santo, tú llevas un evangelio seco de palabra. Pero con el arma del Espíritu Santo, tú llevas un evangelio movido que es el que remueve las cortezas mentales en la cual nuestros antepasados aun viven, y contradicen la fe verdadera del evangelio.
Las Escrituras anuncian el evangelio. Por eso dice “Buenas nuevas de salvación”. Cuando tú montas en tu carro a un incrédulo, cuando llevaste la Palabra nueva a ese incrédulo y tú llevas la unción del Espíritu Santo, esa Palabra no va a volver atrás vacía, esa Palabra va a tener productividad y
los cristianos tenemos que prepararnos para tener productividad.
De nada sirve, entonces, nuestra fe porque se está empantanando. Nuestra fe no tiene progreso, nuestra fe no tiene ventanas, y cuando no tiene ventanas nosotros tenemos que buscarlas, porque viene el diablo y nos come nuestra fe. No es posible que tú, como hijo de Dios, hayas permanecido tantos años en las lides de la fe, y que un día no puedas tener el alto galardón de saber que tú eres un siervo del Señor.
El siguiente versículo que vamos a leer nos va a proporcionar datos de por qué es deber nuestro de llevar este evangelio a toda criatura. No es cuestión de que tú quieras, ES UN DEBER. El mismo Espíritu que está en nuestro espíritu nos señala que tenemos un deber.
Hechos 8:25 “Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio”.
O sea que ya desde la antigüedad, desde los apóstoles, ya tenían la misión de testificar la Palabra de Dios. El ser apóstol es uno de los niveles más altos dentro de la jerarquía eclesiástica que la Biblia nos enseña que existe.
Hechos 14:7 “...y allí predicaban el evangelio”. La tarea de los apóstoles era predicar el evangelio.
De ese siglo a este siglo ¿cómo nosotros hemos argumentado tesis religiosas y hemos cambiado la verdadera tesis del evangelio? Pero viene el día, viene el siglo, viene el tiempo en que no nos quedará mas remedio que solamente someternos a predicar el evangelio.
III. ARMAS PARA PREDICAR EL EVANGELIO
Cuando uno habilite a un perdido a los caminos del Señor, inmediatamente le vamos a dar armas para que predique la Palabra de Dios. No debemos de sorprendernos que haya iglesias que preparen siervos de esta manera porque es mandatorio. El conocimiento, la palabra de ciencia y la unción no las proveemos nosotros por teología, la provee el Espíritu Santo por su sapiencia.
Vienen tantas cosas para este tiempo, para este siglo, que el que viva todo el siglo va a ser altamente recompensada su fe, porque quiero que sepan que no hemos creído en vano.
Romanos 1:15 “Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma”.
No hay nada mas triste que estar en una ciudad, como yo estuve hace unos años en Turquía, y recibir que allí no se estaba predicando el evangelio. Sentir que una ciudad fabulosa, una de las ciudades más antiguas del mundo, por eso es tan hermosa, pero que a la vez no se estaba predicando el evangelio. Qué dolor para el que puede palpar el corazón de una ciudad, espiritualmente hablando, y sentir que allí no se predica el evangelio. No me sentí culpable, pero sí pude estar unas cuantas horas de rodillas en mi cuarto del hotel pidiéndole a Dios que preparara misioneros y evangelistas para que el evangelio del Señor llegara a esas tierras tan hermosas, a esos hombres que son buenos y que necesitan la luz de Cristo.
Toda oración que levante un hijo de Dios, en cualquier parte del mundo, es oída por Dios, es recibida por Dios. Si hay un corazón limpio y hay santidad; si no hay aberraciones, Dios oye la oración de su pueblo.
Romanos 15:16 “...para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo”.
Aquí está el apostolado. Vuelvo a repetir que no había jerarquía mayor que un apóstol. Estaban evangelizando y ministrando porque se entiende que para tú ministrar tiene que haber salvos, si no hay salvos no se puede ministrar, el Espíritu no deja ministrar a los no creyentes. Sin Cristo no podemos ser ministrados.
Nosotros tenemos una propiedad de unción dentro de nosotros que no solamente puedes evangelizar sino ministrar.
Cuando tratas de convencer a alguien por teléfono de que está en camino errado, o con pensamientos no correctos, tú estás ministrando, y la palabra tuya es más poderosa que la palabra errada del oyente. La carga se levanta y tú eres bendecido, aunque no hayas orado por ti. Yo tengo la bendición de predicar el evangelio y ministrarlo, y por si eso fuera poco, tengo la bendición de alabarle, de ofrendarle no solamente mi vida sino mi diezmo de trabajo también.
Yo soy una mujer realizada por cuanto el que ha ministrado mi vida ha sido el Señor, y cuando el Señor ministra la vida uno es feliz, aunque tenga más problemas que ustedes porque el Pastor tiene más problemas que la congregación, porque la congregación es un problema. Diariamente surge un problema; y usted vive siete días a la semana y que difícil se le hace cuando un día a la semana tiene que enfrentarse a un problema, y ese problema lo lleva en su mente toda la semana hasta que viene al altar y se lo presenta al Señor. Hay alguien que puede cargar su problema o su error, porque a veces los problemas se vuelven errores. Trabajan tanto en la circulación mental, que lo llevas a todo tu cuerpo, a toda tu energía y a toda tu existencia y cuando vienes a ver ya tú eres un problema, hasta que viene alguien con el poder de liberación, te ministra y eres totalmente liberado. Esto es palabra de ciencia.
Hermanos cristianos, no nos avergoncemos en el presente siglo en decir que tú eres una criatura nueva, que tú eres un cristiano a plena conexión con la obra.
IV. ANUNCIAR EL EVANGELIO CON PU- REZA Y SINCERIDAD
Aquí es donde nos cuesta. ¿Estás recibiendo un evangelio verdadero? ¿Estás recibiendo un evangelio con pureza? ¿Estás recibiendo la Palabra con sinceridad, es decir que el que te la ministra, la siente? ¿O el que la ministra es simplemente un religioso?
Aquí es donde nos detenemos. Tenemos que analizar quién nos ministra, porque entre mas tú buscas la senda de la justicia, que es el evangelio de Jesucristo, más pureza está llegando a tu espíritu. Entre más escudriñas la Palabra, y la crees, más valores espirituales están llenando tu espíritu.
Es como una casa, ¿qué muros tú vas a levantar en tu casa? ¿De arcilla, de barro, de maderas preciosas o de cemento? ¿Qué clase de muro tú estás levantando a tu vida privada de fe? ¿Te va a servir para cuando tú lo pierdas todo y comenzar de nuevo? ¿Te va a servir para levantar nuevas fuentes y poder retar a Satanás y decirle: “Puedo comenzar de nuevo”?
Cuando uno tiene la hermosura, la fragancia de un evangelio próspero, sano, hermoso, las flores siempre nos van a rodear, no los males. Cuando uno puede manejar la capacidad de fe a la soberanía de Dios, siempre seremos libres, donde quiera que estemos, no hay ataduras. Creer en el evangelio es creer en una verdad céntrica, Jesucristo céntrico. Es realizarse siendo feliz.
Hablar de Jesús es hablar de la joya de la vida, y muchas veces, por falta de amor en nuestros corazones manchamos el evangelio. No entendemos que el evangelio es amor; que si tú tienes una iglesia y una fe, yo tengo que amar a esa iglesia y a esa fe, porque es de Cristo y para Cristo, si estamos hablando de una iglesia de evangelio completo. Si es doctrina errada me verás con la lanza, porque estoy para proclamar la verdad del evangelio.
II Corintios 2:17 “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo”.
Mucho cuidado con falsificar el evangelio. Por eso hay tantas doctrinas erradas que falsifican la falsa prosperidad, podemos hacer todo tipo de pecado y de todos modos vamos a la gloria de Dios, cuando el evangelio que acabo de anunciar habla de santidad. Además en santidad tienes la propiedad de llevar santidad al pueblo. El espíritu de ministración que Dios nos da, nos lo da en santidad, y esa santidad de pensamiento, de mente, de espíritu se ministra cuando se predica la Palabra de Dios. Cuando falsificamos un falso evangelio, quiero decirte que Cristo no necesita ayuda para ser Cristo. No hay que rogar a otros para obtener bendición, hay que ir a la fuente y la fuente es Jesucristo. No podemos falsificar lo que no existe en el reino eterno. En el reino eterno existen los Tres Grandes Poderes de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Aquí en la tierra tenemos al Espíritu Santo para que nos ayude frente al Padre y al Hijo a levantar nuestras oraciones con poder y con verdad delante de El.
Amén.
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