Cuando las tinieblas movían la tierra y Dios entendió que su obra no estaba terminada, solamente el Espíritu Santo podía tocar el corazón de Dios. El no tenía asesores ni tenía más nada que le dijera: “Tu obra no está ter-minada.”
Cuando Dios hizo la obra, no estaba terminada, la quiso terminar con el primer Adán, pero no pudo, tuvo que recurrir al segundo Adán de El mismo.