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ADMISION A LA PRESENCIA DE DIOS
I. ADMISION ES CUANDO TU ABRES LA PUERTA
Admisión es cuando tú abres la puerta; admisión es cuando tú permites la entrada; admisión es cuando te permiten entrar; admisión es cuando tú permites que puedas llegar a la presencia de Dios. Esa es una admisión.
¿Todos podemos entrar a la presencia de Dios? Si tú abres la puerta, tú puedes, pero nada hace el Señor el que tú te arrodilles si tú no abres la puerta a su presencia. Puedes ayunar cuarenta días y no abrir la puerta a la presencia del Señor.
¿Es posible que un ser humano se ponga en reproche con Dios? ¿Algunos de ustedes, alguna vez, le han reprochado a Dios algo? Sí, esto existe, pero no todos, porque el que mira la situación y se encomienda a Dios para pasar la situación no tiene reproche, pero cuando tú oyes a alguien que dice: “¿Por qué a mí?” “¿Por qué yo?” tienen un reproche. Sin pasar nada yo le pido al Señor que los libre de una circunstancia porque tenemos hijos, están en la calle, tenemos nietos, están en la calle y si pasara una circunstancia ¿Cómo estaría tu fe? ¿Tú le darías la admisión a Dios? Cuántas personas se van de la iglesia porque les ha pasado una tragedia a uno de los suyos y no han permitido que nosotros los consolemos, han cerrado la admisión a la entrada del Consolador.
¿Usted ha sentido alguna vez el orgullo? El orgullo es una puerta satánica que no le da admisión a Dios. Desgraciadamente el orgullo viene de las generaciones más pobres de la tierra. Así que, si usted lo ha sentido, usted ayune para que ese orgullo no salga ni por los ojos. Yo lo veo en días en que algunos hermanos me felicitan y otros están tiesos, nunca llegan. El orgullo de la insuficiencia que ha habitado en ellos no los deja llegar.
Un guerrero, un intercesor, es una barrera el tener un orgullo, tu oración no llega, porque te encuentras con la pared y a Dios no se le puede poner pared. Por eso para tú poder aspirar a tener la presencia de Dios y a liberarnos todos de aquellas cosas internas que Dios no es culpable, porque lo que tú escogiste yo estoy segura que no contaste con Dios. Entonces tenemos que admitir nuestros errores y humillarnos, pedir perdón y decirle: “Señor enséñame a obedecer y dame, por favor, tu presencia”. Ahí tú le estás dando admisión al Espíritu Santo; le estás dando entrada al que te puede educar, al que te puede ayudar a perdonar, porque por tu género y por el mío, no perdonamos. Y te preguntas ¿Cómo lo se? te lo voy a explicar fácil: Cuando un hijo te hiere ¿Qué tiempo te dura para perdonarlo? Cuando un hermano, una hermana te hiere ¿Cuánto tiempo tardas para perdonarlo? El tiempo que tu tardas para perdonar ese es el rencor que tú has guardado dentro.
Admisión es cuando vamos a El diciendo: “Mira lo que soy” ¿Ustedes creen que yo me arrodillo en el Santuario porque soy religiosa? Yo me arrodillo aquí porque yo no soy digna de este lugar y yo voy a ministrarlos a ustedes y necesito la admisión de El sobre mi vida para poderlos ministrar; mientras viva lo haré, me califiquen como me califiquen, yo no vivo con tus pensamientos, yo vivo con lo que yo le entrego a Dios.
El hombre se pregunta: ¿Cómo podrá llegar hasta la presencia de Dios? Ya lo he explicado. Tú tienes un medidor, un termómetro de saber hasta qué punto tú puedes perdonar y el Señor en la oración que El hizo para manifestar su gloria delante del Padre dice: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre (que quiere decir que El es la gloria) y perdona nuestras deudas (perdona nuestros pecados) así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. El puede decirlo porque ya había perdonado los que lo escupieron, los que lo iban a escarnecer, los que se burlaron, ¿Tú quieres pecado más grande que la burla? Y hay demonios burlones en nuestros rostros.
¿Dónde a nosotros nos puede dar la Palabra entendimiento de nosotros ser una admisión a su Espíritu? ¿Por qué no hablas en lenguas? ¿Por qué no eres bautizado? El lo sabe, y no es que tú no quieras, tú puedes todavía traer muchos pecados que no te has arrepentido y te crees arrepentido, pero a la hora en que te pinchan la herida salta y se abre; si se abre la herida no te has arrepentido; si tú oyes las cosas con una paz inmensa y están hablando de ti, Dios está sentado en tu corazón.
Salmo 24:3 “¿Quién subirá al monte de Jehová? Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón;” ¿Quien podrá tirarse en un día de vigilia, de ayuno, de búsqueda y tocar el manto del Señor a través de la oración? Es imposible que de mi boca salga agua dulce y amarga, pero si tú le das entrada a Satanás puede pasar eso, pero a la vez que eso pase en un siervo, para que ese siervo se recupere espiritualmente pasan tres meses. ¿Por qué somos exigentes? Porque ya le hemos dado una admisión a la presencia de Dios y la presencia de Dios es tan santa y tan perfecta que tuvo que venir su Hijo a la tierra, derramar su sangre para lavarnos con sangre roja para presentarnos blancos delante de El, entonces es una admisión perfecta cuando usted le da a la presencia de Dios entrada y se lava en la sangre de Cristo.
Un pensamiento personal, no es teología, que cuando nosotros le damos admisión a su presencia estamos entonces reservados con los rectos; cuando tú permites que la admisión de El dentro de tu ser ya tú estás reservado para los rectos, aunque sea un niño. Cuando un niño tiene una revelación, cuando un niño dice posiciones bíblicas, cuando a un niño los padres lo ayudan a orar está reservado, ¿Cuándo? No lo se porque todo depende del camino con que esa familia lo encamine, pero está reservado para los rectos.
Salmo 24:4 “El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño.” En mis consejerías personales prohíbo que juren; todo el que jura es falso. Usted no tiene que jurar cuando usted habla, usted apóyese en el Señor, que El sea su apoyo, que El lo apoye a usted en su palabra y que lo revista de una presencia de honor para honrarlo a El y Dios le dará el traje nuevo y lo viste. ¿Qué es lo que pasa? Que el traje de honor es cuando tú eres separado para ser recto. Ahora bien, no hagas un chantaje, ni aún en el dinero, ni en lo que vas a laborar, porque tendrás en tu vida un aro de tropiezo que solamente al final de tus días lo verás.
II. ¿ A TRAVES DE QUIEN, NOSOTROS PODEMOS REALIZAR ESA ADMISION, ESA ENTREGA?
En la antigüedad antes que Jesús estuviera en la tierra, porque siempre estuvo con el Padre, cuando se le iba a ofrecer sacrificio a Dios, se mataba a una gran cantidad de animales, sin embargo, lo dice la Biblia, a Dios le era grato y ahí toda boca de hombre se tiene que callar.
Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” No es por un santo, no es por velas, no es por sacrificios de animales, el que va al Padre va por medio de Jesucristo, el que abrió el camino. ¿Por qué El tuvo que abrir el camino? Porque la santidad de Dios era tal que ningún hombre podía llegarse a Dios. La sangre de su Hijo es el único nivel que va con el Padre. Cuando la sangre de los machos cabríos dejaron de tener poder frente a Dios por el pecado Dios dijo: “Tengo que buscar una sangre más efectiva en que pueda parar a todas esta generaciones de oprobio y de maldad”, y en su ciencia, porque El es ciencia, cuando se sentó en su trono de Gloria, porque El es la Gloria, miró a la derecha y a la izquierda y se encontró que tenía a su Hijo, porque el Espíritu Santo es El mismo, es la Tercera Persona pero es El mismo. El único que podía mandar en carne era a su Hijo, y el único que podía hacer el milagro de introducir su Hijo en un vientre era el Espíritu Santo. O sea que El tenía las armas a la derecha y a la izquierda. Es como la visión, en una mano el fuego y en la otra la espada; o sea que todos tenemos dos armas para destruir toda fuerza enemiga. El fuego que es la unción del Espíritu donde te ministramos. A ti se te ministra con la admisión del fuego del Espíritu, no es solamente la Palabra que es voz de Dios, sino que está el Espíritu Santo que te ministra la Palabra para fe y para admisión.
Tú no puedes tratar de “cocotear” a alguien para que crea lo que tú dices sin antes tú no has orado por esa persona y has abierto el “tímpano espiritual” y los “ojos espirituales” para que entienda lo que tú vas a decirle y si dentro de ti hay un poquito de gloria para ti no vas a lograr nada ese día, porque vas a pensar que tú lo hiciste y va a entrar el orgullo. No, ahí no entra el orgullo, entra el conocimiento de que “por mí se hizo”, “porque yo ayuné por ti fuiste sanado” “porque yo estuve ayunando cuarenta días fuiste liberado”. ¡NO! Señor, yo voy a ayunar por tal persona para que esa tal persona pueda ser liberada para tu gloria y tu gracia, y se realiza la bendición, pero si dentro de ti hay un poquito de ti, no se hace nada. Es por eso que este versículo tan hermoso de Juan 14:6 es el “resorte” para la admisión.
Cuando tú vas a entrar a emergencia de cualquier hospital tú necesitas una admisión, o sea una entrada y lo primero que te piden es tu seguro; cuando nosotros vamos al reino de Dios eterno lo primero que nos piden es el seguro y nuestro seguro es LA SANGRE DE CRISTO y cuando Dios oye que tú estás cubierto con la Sangre de Cristo tienes a
que tú estás cubierto con la Sangre de Cristo tienes admisión. Pero cuando tú entras todavía con un poquito de relieve carnal, tú le dices: “Señor, yo te prediqué” admisión. Pero cuando tú entras todavía con un poquito de relieve carnal, tú le dices: “Señor, yo te prediqué” ¿Sabes lo que dice el Señor? “No te conozco” y tiene que venir el Abogado, que se llama Jesucristo, y dice: “Mi sangre di por él” que todavía en el trono de Gloria cree que la Gloria en la que va entrar es por lo que él predicó, no por la admisión que le diste al Dios del Espíritu para que pudiera gobernar tus intereses internos y externos, y no importa la edad, aún tú teniendo una edad y manejas los intereses del Reino, tú tienes que aportar al Reino así vengas en silla de ruedas; estamos hablando de un Reino eterno.
III. POR MEDIO DE LA FE EN EL TENEMOS ACCESO AL PADRE
Por medio de alguien tenemos acceso al Padre, por medio de algo tú tienes acceso a la admisión de un hospital, por medio de un pacto tú tienes acceso al esposo o a la esposa, por medio de un parto tú tienes la admisión de saber que ese es tu hijo o tu hija. Resulta que las madres cuando tienen un hijo criminal o malo o loco o vicioso dicen que es igualito al padre y sus generaciones, pero salió de ti. Si tú no admites que tú incubaste ese hijo y que luego lo tiraste como una serpiente, como un Escorpio, o como un hijo de Dios. ¿Qué pasaba en nuestras antigüedades cuando el evangelio no llegaba a los campos? Que de la boca del campesino analfabeto salían palabras de bendición para sus hijos y de sus hijos para sus padres; esto se desarrolló bajo una bendición del Padre, entonces tenían acceso al que es hoy nuestro Proveedor, nuestro Amparo, nuestro Abogado. Una palabra común y corriente: “Todos somos hijos de Dios” No, todos somos criaturas creadas por Dios, los hijos de Dios somos quienes lo hemos confesado.
Romanos 5:2 “...por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” ¿Y por qué tenemos acceso? Porque cuando Dios vio a la humanidad perdida tuvo que propiciar a un mediador y nosotros ahora tenemos admisión por medio de la entrada que le damos a Dios, pero necesitamos que nos den acceso para entrar en su Gloria y el único acceso es Jesucristo.
Amén
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