I. ¿SABES CUIDAR TU PESEBRE?
Sabemos que el Espíritu Santo puede hacer que en nuestros corazones haya un pesebre. En verdad ¿está Jesús en todos los corazones?
Muchos ponen en sus casas adornos de guirnaldas y me pregunto si realmente saben lo que eso significa. Eso significa esperanza. ¿Esperanza de qué? De que Jesús haya nacido en nuestros corazones. Una cosa es confesar salvación, otra cosa es después serle fiel al Señor, pero otra cosa es guardar la esperanza del advenimiento de nuestro Señor para con nosotros.
Aunque pongas un pesebre en el árbol de navidad tienes que preguntarte a ti mismo ¿El nació en mi pesebre? Porque tenemos un pesebre y un mesón que mora en nuestro cuerpo, pero en realidad ¿El ha nacido? en verdad ¿El nació? El que nace es fiel a un cuerpo, no difama a un cuerpo, ama al cuerpo, sufre penalidades (como dice Pablo), sabe ayunar, orar, reprender tinieblas y no deja que ningún intruso entre al pesebre tuyo. ¿Sabes cuidar tu pesebre? Hay que saberlo cuidar, porque ese pesebre tuyo va a reaccionar de esta manera cuando en verdad Cristo ha nacido en ti. Cuando tu dices Gloria a Dios en las alturas tú lo vas a decir si tienes un mesón, si tienes a alguien que ha nacido dentro de ti. Tú vas a hacer lo mismo que hicieron los ángeles, ellos no pudieron contenerse en los cielos, tuvieron que descender a la tierra y proclamar lo que había nacido.
Sin ese nacimiento en el corazón nosotros no podemos ser fieles, no podemos ser constantes. Tenemos que decirle a todo lo que nos rodea, a todo lo que nos insidia a caer ¡Fuera en el nombre de Jesús! Hay que saber que con Cristo estamos asegurados, que hay poder en el nombre de Jesús. Si los ángeles dijeron Gloria a Dios en las alturas porque había nacido el centro de Dios que es Jesucristo, nosotros tenemos que tener en nuestro corazón el centro de Dios.
El que se mueve es porque no está convertido, es porque no tiene palabra viva, es porque no ama la obra de Jesucristo. Cuanto tú amas la obra podrás tener tropiezos y calamidades ¿quién no los va a tener? Si leemos la Biblia entendemos lo que dice Eclesiastés: Tiempo de llorar, tiempo de endechar, tiempo de sonreír, tiempo de gemir, tiempo de padecer, tiempo de sufrir, tiempo de gozo, tiempo de paz, tiempo de alegría, tiempo de abundancia, tiempo de escasez. Quiere decir que en todos esos parámetros de la vida, es para todos, así como para impíos, así como para los santos del Señor, igual que el cielo es para todos.
Lucas 2:8,13-14 Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. (v.13-14) Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.
II. NECESITAMOS UNA VISITACION
Este pesebre necesita de vez en cuando una visitación. Este pesebre, donde estaba Jesús, necesitó la visitación de los pastores primeramente y después de los magos. El matrimonio de María y José estaba en circunstancias incidentales; estaban en un mesón donde guardaban forraje para los animales, por lo tanto no era lugar propicio para visitas; pero en verdad nosotros a veces no queremos que nos visite el Espíritu Santo porque queremos estar muy cómodos así como estamos. No queremos que nadie nos desacomode. Así a veces sufrimos azote en el cuerpo para desacomodarnos y al estar en esta situación necesitamos que nos visiten.
Pero mientras eso va y viene, vamos en el desierto. Unas veces caminando hacia atrás porque no quiero que me visiten, otras veces caminando hacia delante porque quiero que me visiten. Al caminar hacia delante cuesta soledad, escasez, desprecio, incertidumbre. Qué bueno que los del pesebre tuvieron lo que muchos de los cristianos del mundo de hoy han sentido en su corazón, que no quieren que los visiten, porque son de corazones apocados y a veces hay tinieblas. No hay un ser humano vivo sobre la tierra que no haya entrado un día en tinieblas.
Lucas 2:15-20 Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho.
Ellos creyeron que el Mesías había nacido. Los primeros creyentes de que el Mesías había nacido fueron los pastores.
Necesitamos la visitación del Espíritu Santo. Sabemos que el enemigo se ha indispuesto mucho. Huestes celestes han luchado contra muchas familias porque hay victoria, porque hay poder, porque hay santidad, porque hay verdad.
La iglesia además de estar preparada para recibir una visitación, así como el pesebre tuvo una visitación, tiene que levantar un canto de alabanza. Cómo alabar en tiempo de soledad, cómo alabarle cuando las meditaciones nos decaen y nos deprimen, cómo alabarle cuando hay personas que inducen a lo malo y no a lo bueno. Ciérrate en tu pesebre, tienes que entronarte con tu pesebre, tienes que saber que lo que tienes es de Dios, tienes que saber que tienes que tener de nuevo un canto de alabanza; el que no alaba perece.
Una cosa es reprender las huestes, otra cosa es atarlas, otra cosa es ponerte a la brecha como cuando la iglesia esta en sus diferentes períodos de ayuno. Esto es necesario para que la iglesia pueda subsistir en medio de las batallas celestes que se aproximan cuando Dios hace sus planes para un pueblo, con un pueblo y con un siervo.
Salmo 145:1-9 Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre. Cada día te bendeciré y alabaré tu nombre eternamente y para siempre. Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable. Generación a generación celebrará tus obras, y anunciará tus poderosos hechos. En la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y en tus hechos maravillosos meditaré. Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, y yo publicaré tu grandeza. Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia. Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.
III. ALABEMOS A NUESTRO SUSTENTADOR
Tenemos que alabar al que es Creador Sustentador.
Dios fue el creador y sustentador del pesebre, y El es el Creador y sustentador de nuestro pesebre interno. Sin esa sustancia del sustentador no podemos tener gozo, ni paz en medio de las contiendas y las tribulaciones.
La Palabra es el puente de restauración a nuestras vidas. Sin ese puente no somos sanados ni saturados.
Una cosa es orar, una cosa es tener dones de intercesión, dones de liberación, pero otra cosa es ir a la Palabra para que ella sea a nuestro pesebre el sustentador de nuestro interno hacia Dios.
Salmo 147:1 Alabad a Jehová porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios; porque suave y hermosa es la alabanza.
Salmo 150:1-2 Alabad a Dios en su santuario; alabadle en la magnificencia de su firmamento. Alabadle por sus proezas; alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
Nuestro cántico de alabanza tiene que salir de nuestros corazones, de rostros llenos de bondad de la expresión, sustentadores de la unción, con el conocimiento y con el poder que da el Espíritu Santo.
Nadie puede hacer las estrellas como las hizo nuestro Creador; nadie ha podido hacer un astro como el sol que sustenta todo lo creado por Dios; nadie puede dar calor a la tierra como lo da el astro sol hecho por las manos creadoras del sustentador tuyo y mío. Nadie podrá hacer una estrella tan perfecta, un astro tan perfecto como lo ha hecho nuestro sustentador. Bendito sea el Dios de toda gloria que puede darnos un sustento tan especial como todo esto.
Jesús es nuestra esperanza; el árbol de navidad encendido, perenne que debemos de tener en nuestro pesebre siempre con todas las luces encendidas a todo fuego, con todo su espíritu, con toda su paz, porque nacimiento es paz. Cuando Cristo nace en tu corazón hay paz.
IV. EL CUMPLIMIENTO DE LOS TIEMPOS
Hubo un cumplimiento de los tiempos cuando se profetizó al niño.
Ezequiel 17:22 Así ha dicho Jehová el Señor: Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y lo plantaré sobre el monte alto y sublime.
Esta es la profecía del que ya vino y que volverá para recoger a su iglesia.
Que el pesebre del niño more siempre en tu corazón.
Amén.
Feliz Año Nuevo 2005
Pastora Lidia Rodríguez
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