El evangelio de Lucas incluye la aparición del ángel a los pastores. En esa aparición, el ángel les dice a los pastores que no deben tener temor, pues ha venido a darles noticias felices. Les ha nacido UN SALVADOR (Lc. 2:11).
En cuanto al propósito en estos días de navidad deseamos que esta lectura pueda ayudarnos a comprender mejor el mensaje navideño como aparece en la Biblia.
I. ¿QUIEN ERA AUGUSTO CESAR?
Lucas era un hombre además de apóstol historiador que constantemente nos aclara el contexto de lo que está narrando. Por eso, en Lucas 1:5 nos dice que esos hechos tuvieron lugar en días de Herodes. Ahora nos dice en Lucas 2:1 que en aquellos días Augusto César promulgó un edicto de empadronamiento. Pero Lucas no nos dice esto únicamente para que sepamos que el nacimiento de Jesús tuvo lugar en tiempo de Augusto César. De hecho el edicto es parte de la historia que Lucas nos cuenta. Augusto César era el emperador que gobernaba a Roma, y Palestina era parte del imperio romano. Luego los edictos de Augusto César tenían que ser obedecidos por los judíos.
Lucas 2:2 nos dice: ...siendo Cirenio gobernador de Siria. Cirenio fue un oficial romano que desempeñó varios cargos entre el año doce antes de Cristo y el veintiuno después de Cristo. Aparte de este texto de Lucas, hay datos históricos que señalan que Cirenio fue gobernador de Siria por lo menos entre los años seis y nueve después de Cristo.
Hay otro dato de que también Cirenio fue gobernador en esa fecha anterior, y puede que sea esto a lo que se refiere Lucas, en todo caso, una vez más Lucas coloca la historia política de su época.
Lucas 2:4 nos refiere: ...a la ciudad de David, que se llama Belén
Puesto que cada cual tenía que ir a su ciudad es decir, al lugar de origen de sus antepasados, José tenía que ir a Belén. Esta ciudad que en realidad era un pequeño pueblo, le debía su fama al hecho de haber sido el lugar donde vivió David, y donde fue ungido por Samuel.
II. LINAJE DE DAVID
Las antiguas profecías indicaban que el Mesías, que sería del linaje de David, saldría de Belén.
Miqueas 5:2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.
III. CRISTO = UNGIDO
Lucas 2:11 ...que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
La palabra griega Kristos quiere decir Ungido, y por tanto es la traducción del título hebreo Mesías. Nos interesa aquí que el Salvador es también el Mesías y el Señor.
IV. SALVADOR
De todos los títulos que se le dan a Jesús, uno de los más conocidos es el SALVADOR. Ese título aparece en himnos conocidísimos como Cariñoso Salvador. También lo utilizamos al decir que debemos aceptar a Jesús como nuestro Salvador.
Este título es importante porque subraya un aspecto esencial de la obra de Jesús. Lo sorprendente es que es uno de los que menos se usan en la Biblia para referirse a Jesús.
En el Antiguo Testamento el título de Salvador se le da en primer lugar a Dios. Dios es el Salvador de Israel. Tal frase se refiere principalmente al Exodo, cuando Dios salvó a Israel del yugo de Egipto. Por ejemplo, en el Salmo 106:21 dice: Olvidaron al Dios de su salvación, que había hecho grandes proezas en Egipto
En el Antiguo Testamento, el principal acto salvador de Jehová es la liberación de Israel en el Exodo. Esa acción libertadora es la principal razón por la que Israel se refiere a Dios como su Salvador.
El tipo de acción salvadora de Dios en el Exodo se repite entonces en otras acciones semejantes de Dios a favor de Israel. Por ejemplo: en Isaías 60:16, al referirse al regreso del exilio y la restauración de Sión, Jehová dice: ...y conocerás que yo Jehová soy el Salvador tuyo, y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.
De igual modo, en 2 Samuel 22:3, tras el triunfo sobre los gigantes, David le canta a Jehová: ...Salvador mío; de violencia me libraste.
En el Antiguo Testamento también se le da el título de salvadores a personas a quienes Dios levanta para salvar a su pueblo de diversas dificultades. En la Biblia a veces la palabra Salvador, cuando se usa así, se traduce por Libertador.
Jueces 3:9 Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb.
Todo esto quiere decir que en el Antiguo Testamento la palabra Salvador, tanto cuando se le aplica a Jehová, como cuando se le aplica a algún instrumento de Dios, quiere decir Libertador.
En algunos siglos antes de la venida de Jesús, la lengua griega empezó a usarse en toda la cuenca del Mar Mediterráneo, y los judíos tradujeron la Biblia al griego. En esa traducción, el término Salvador se traduce con la palabra griega Soter.
Ese era un título que se les daba a quienes, mediante grandes victorias, salvaban al pueblo.
Por ejemplo: Uno de los grandes principales generales de Alejandro el Grande recibió el nombre de Ptolomeo Soter. En este sentido, el título de salvador era parecido al modo en que hoy hablamos de Bolívar como El Libertador.
Pero los tiempos eran malos y muchas personas, tanto entre los judíos como entre los gentiles, comenzaron a ver que había situaciones en las que la salvación era después de la muerte.
Entre algunos, se empezó a hablar de la muerte misma como salvadora, y tanto los judíos como los cristianos, tuvieron que luchar contra tal idea que daba a entender que el mundo en que vivimos era necesariamente malo y que Dios se desentendía de él.
Al nacer Jesús, la idea de Salvador incluía a la vez la salvación después de la muerte y la salvación de esta vida. De hecho, en el Nuevo Testamento se usa la misma palabra para sanar y para salvar. Nuestros traductores al español tienen que decir cuál de las dos palabras van a usar en cada caso.
Luego, al decir que Jesús es Salvador, quiere decir que El es Libertador que nos libra de todos los yugos a que estamos sujetos. Por esta razón, a través de los siglos, muchos cristianos han preferido este título para referirse a Jesús.
Uno de los yugos es el pecado. Aparte de Jesús somos esclavos del pecado. Jesús nos libra de la carga del pecado cometido y nos da poder en las tentaciones por venir. Esta victoria que comienza en esta vida, culmina en la futura.
Otro de esos yugos es el de la muerte. Aparte de Jesús, todos estamos condenados a morir, pero Jesús nos da victoria sobre la muerte. Esa victoria también culmina en el futuro, pero ya en esta vida se hace efectiva, porque no le tememos a la muerte pues sabemos que está vencida.
Jesús, como Jehová en toda la historia de Israel, libra también de los yugos de la opresión política y económica. A veces nos puede ser difícil ver esto, pues parece que los poderes en realidad son invencibles.
Pero esa victoria también comienza en esta vida y no culminará hasta el final del tiempo, en el reino de Dios, cuando gozaremos de completa paz, libertad y justicia en la eternidad.
Amén.
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