La Cena del Señor es el acto litúrgico de más importancia en la iglesia cristiana. Es la gran celebración de la fe en su plenitud. En esta cena se constituye la iglesia como cuerpo de Cristo.Así, los simples y comunes elementos de pan y vino, por el poder del Espíritu Santo, llegan a ser para los fieles el cuerpo y la sangre de Cristo. Por esta doble acción del Espíritu en cooperación con el sacrificio de los fieles, Dios mismo se hace carne y está presente con su pueblo para salvarlo y para hacerlo un pueblo nuevo. No es accidental, entonces, que la celebración de la Cena del Señor es el acto más importante del culto o servicio cristiano. Es a la vez pauta litúrgica y norma de la vida cristiana. La Santa Cena es inseparable de la fe cristiana. Es un medio de gracia sin el cual no habría ni fe, ni vida cristiana.Litúrgicamente, la Cena del Señor consiste en dos elementos principales: En un memorial y en una acción de gracias.
Como memorial se repiten los hechos históricos salvadores. La creación a la imagen y semejanza de Dios, la Caída, el Exodo, la muerte de Cristo Jesús y su Resurrección.En la celebración de la Pascua del éxodo del pueblo de Israel, con lo que conmemoraban su liberación de la esclavitud en Egipto, nuestro Señor Jesucristo mandó a sus discípulos comer el pan y beber de la copa en memoria de El.
LAS RAICES DE LA CENA
Se encuentran en la liberación del pueblo de Dios. La celebración cristiana tiene lazos con la celebración pascual de Israel a través de esa observancia de Jesús y los discípulos en el aposento alto.El recuerdo tiene dimensiones dobles como memorial del Exodo y del sacrificio de Jesús mismo. Aunque estos acontecimientos son distintos, representan una sola realidad: El amor libertador de Dios. El mismo Dios que libertó a Israel estaba presente en Jesús para que todo el mundo fuera libre del poder del pecado. Para entender el significado de esta liberación es importante recordar el vínculo entre el Exodo y la Crucifixión y Resurrección de Jesús de Nazaret.
La Liberación tiene dimensiones personales, sociales y cósmicas.Debemos de entender y creer que el memorial de la Santa Cena es más que una repetición de palabras y acciones. Es el evento impresionante de la Persona de la Trinidad presente contigo y conmigo, real y verdadera. Participamos en los eventos mismos. Por el Poder del Espíritu Santo somos incluidos en el amor que trabaja, y sigue trabajando en el hombre.La clave está en otra cena después de la Resurrección, cuando Cristo se les dio a conocer a los discípulos en el camino de Emaús. Cristo caminaba con estos dos hasta llegar a la aldea a donde iban. Le obligaron a quedarse con ellos.
Lucas 24:30 Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.
En el partir del pan lo reconocieron.La Cena del Señor nos hace parte del proceso por lo cual Dios mismo llena las necesidades de todo el mundo. Se conoce a Dios precisamente en el partir del pan porque es en este hecho en donde la realidad del amor divino se experimenta, no como palabra extracta, sino como palabra visible y activa.Quizás sea más fácil entender los medios por los cuales participamos en el amor de Dios a través de una litúrgica si pensamos en el significado de una cena común y corriente.Cada cena ordinaria que hagáis es una participación en el proceso elemental del crecimiento y desarrollo del universo. Estas cenas cotidianas nos ofrecen nutrición y crecimiento a nuestros cuerpos. Comer es hacer vínculo de dependencia a un sistema de sostén.
En nuestro mundo de fe hay una participación que va más allá de lo físico. Al compartir el pan se reconoce un vínculo profundo con su presencia y entre los compañeros de mesa.En las culturas tradicionales, compartir la comida significa el establecer una nueva relación entre los participantes. Por el compartir del pan nos hacemos hermanos.¿Cuál es la importancia del simbolismo de comer todos juntos? La importancia es que se reconoce en las comidas que comparten los que tratan de negocios sobre la mesa. De esta manera se establece una relación que forma la base para los acuerdos mercantiles.Igualmente los matrimonios, los cumpleaños y muchos otros eventos familiares se celebran con comidas y fiestas.
Si por el compartir el pan cotidiano se hace una comunidad entre los participantes, es fácil de entender que cuando participamos en la Cena del Señor somos transformados en una comunidad que se define por la realidad de su anfitrión y la comida que se ofrece. Al partir el pan de Su sacrificio, nos hace parte de ese sacrificio. Así llegamos a ser el cuerpo de Cristo. La participación en el sacrificio de Jesús hace de nosotros sacrificios vivos, y nuestra entrega, nuestros cuerpos y almas, es la única dádiva digna de ofrecer como acción de gracias por el don inefable del suficiente amor de Dios.
Nuestro sacrificio se hace por el poder del Espíritu Santo que nos incorpora al cuerpo de Cristo. Nuestra acción de gracias no es acto de orgullo o de justificación. Porque compartimos el pan, que es el cuerpo de Cristo, participamos en la entrega de Cristo Jesús para que todo el mundo tenga vida en él. Cuando hacemos nuestra acción de gracias por haber participado en la Santa Cena, llegamos a hacer el sacramento de la presencia de Dios en el mundo. Esto quiere decir que la Eucaristía no se cumple en la mesa de la iglesia, sino como iglesia en la vida del mundo.El compañerismo de la Cena se extiende y abarca a todos. Por otra parte, la Cena del Señor nos instruye y forma una norma para nosotros.
El compañerismo de esta Cena incluye, a la vez, al que iba a traicionar al Señor, al que iba a negarlo, a los que frente a la amenaza de muerte iban a abandonarlo.Es decir, el amor sufriente de Dios es un amor sin límites que sufre aún la muerte con tal de incluir, en su abrazo, aún al enemigo. Esto constituye la perfección del amor divino: La capacidad de amar aún aquellos que lo niegan y lo crucifican.Es entonces cuando la Cena del Señor es bien entendida y celebrada. Es el simbolismo perfecto del amor de Dios. Ofrece a la vez, a la iglesia y al mundo, evidencias efectivas de la realidad en su reino. Aún en la Cena misma Cristo viene a transformar el mundo.Nosotros que participamos en la Cena del Señor y respondemos con el don de nuestras vidas en servicio y amor a nuestros prójimos, tenemos una comunión profunda con Cristo. Llegamos a formar parte de una vida que aún la muerte misma no puede destruir.La presencia de Cristo Jesús en el sacramento señala su presencia en el mundo. Celebramos la Cena del Señor no como acto mágico, sino como memorial y reconocimiento de su presencia en el mundo.
Esa presencia no se explica adecuadamente en la teología, pero sí en su dulce misterio que lo revela el Espíritu Santo dándonos dones espirituales específicos a cada uno según Su voluntad.Dios mismo obra en el mundo para traer justicia y paz.Cuando nos unimos a Cristo en este esfuerzo, o lo llegamos a conocer mejor y nos fortalecemos para la tarea encomendada, somos luminares del mundo.La Cena del Señor es un elemento clave en la creación y el fortalecimiento de la comunidad que vive el mundo. Somos su señal, su aliento, su luz, su distinción mayor. Somos gentes extraordinarias por su gran amor ofrecido.Santos del Señor, sean bendecidos todos.
Amén
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