| I. CIUDAD DE LA VICTORIA
El lugar de Emaús está situado en el terreno fértil del valle de Sefelá, en el cruce de las vías de comunicación que unen el norte y el sur del país con el acceso a Jerusalén. En la antigüedad fue calificado como el lugar de aguas deliciosas y de estancia agradable. El nombre de Emaús proviene de la palabra hebrea Jamot que se traduce fuentes o aguas calientes.
En el siglo III d.C. la ciudad cambia de nombre llamándose Nicópolis, que en griego significa Ciudad de la Victoria.
II. EL LUGAR DE ENCUENTRO CON JESUS La rica historia de Emaús está marcada por el paso de numerosos conquistadores y personajes ilustres. En la Biblia, el libro de Josué explica cómo el sol y la luna se pararon sobre el valle vecino de Ayalón mientras Israel luchaba contra sus enemigos.
En el año 165 a.C. Judas Macabeo obtiene una victoria importante contra las tropas griegas de Nicanor, abriendo el camino hacia Jerusalén y permitiendo a los judíos la purificación del Templo y la restauración del culto divino, hecho que se conmemora anualmente en la fiesta judía de Januka. Hacia el año 30 d.C., la ciudad de Emaús, destruida por los romanos, se convierte en un pueblo pequeño y en el lugar de encuentro de Jesús con dos de sus discípulos que le reconocen en el gesto de partir el pan. La pascua de Cristo, como un sol, se eleva sobre el curso de la historia transformando la humanidad por el misterio eucarístico (comunión).
III. EMAUS EN EL EVANGELIO DE LUCAS
Lucas 24:13-35 Y he aquí dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen. Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron. Entonces él es dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían. Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.
En el período bizantino, Emaús Nicópolis se transforma en una importante sede episcopal. Se construyen dos basílicas aquí entre los siglos IV y V en el lugar del encuentro con Cristo con sus discípulos.
En el siglo VII d.C. los persas y los árabes destruyen el santuario de Emaús que será reconstruido por las cruzadas en el siglo XII. Desgraciadamente al irse las cruzadas, el edificio queda abandonado y la presencia cristiana desaparece de Emaús.
En 1878 bajo la iniciativa de la beata (monja) Miriam de Belén, las hermanas compraron el terreno y reanudaron los peregrinajes cristianos.
Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1880, en 1924 y las que realizan actualmente, han puesto al descubierto las ruinas de dos importantes basílicas bizantinas con bellos mosaicos, y una tercera iglesia construida por las cruzadas con las piedras tomadas de las ruinas de las iglesias anteriores.
¿Qué se puede rescatar de todas estas señales históricas existentes? ¿Estamos en el camino de Emaús?
Qué luchas secretas guardas, que como estos caminantes, no podían darse cuenta quién era su acompañante.
Cansados y cabizbajos, entristecidos y en conflicto, no había espacio para la esperanza. Los hechos reales de la verdad de la existencia de Cristo se palpan a llegar a lugares como estos, conocer sus hechos históricos, y a la vez entender que tanto tú, como yo, también muchas de nuestras caminatas por la vida, no nos hemos dado cuenta que él va a nuestro lado.
IV. TODOS TENEMOS UN EMAUS
Somos caminantes; ya encontramos la luz, y a la vez la guía. Es entonces, pues, que ya no andamos en tinieblas, porque el que partió el pan y dio gracias está entre nosotros. Ahora ya no vemos oscuramente, sino a través del que venció en el camino de nuestras vidas el pecado de todos nosotros, y podemos llegarnos a esa luz a pie. También él está junto a nuestro camino, no importa su nombre o continente, él está ahí, formando nuestra hoguera para darnos el pan del cielo.
Debemos tener la convicción que igual que estos caminantes de Emaús, luego que le recibieron, tuvieron la convicción y la experiencia gozosa que les acompañaría el resto de sus vidas. Nosotros también tenemos la misma posibilidad de encontrar, hallar y tener el mundo secreto espiritual de la vida, y solo en Cristo Jesús se halla la fuente de tu seguridad.
Aunque la historia marca pasos en ella misma, también tu historia marcará a tus antepasados; debes considerar tu puesto de mando en tu historia y permanecer en vela, para que el adversario no te tome la carrera y pierdas el camino.
Entonces, si estos testigos encontraron su lugar en el mundo y pudieron ver y comer con el Santo de los cielos y la tierra, mucho más hoy que la eterna Trinidad nos garantiza ayuda incomparable dentro de las circunstancias en que te encuentres sometido.
Cada día él abre nuevos caminos, los horizontes aún no están cerrados y aunque haya rumores de guerra, transitaremos gozosos hacia nuestro gran monte de Dios.
Pero si es necesario vivir vidas abiertas al Espíritu de Dios, entonces la realidad históricarica, pasado y presente, no te detendrán para caminar con El.
Tenemos una nueva vida, una vocación santa, un propósito definido, un motivo por el cual vivir y un futuro asegurado en Cristo que trasciende al presente que es temporal.
La comida de Emaús deberá ser para cada cristiano fuerza y esperanza, y llenarnos de las fuertes proféticas de promesas que él tiene para cada creyente, como lo tuvo para esos apóstoles.
En el libro de Isaías tenemos resplandecientes promesas:
Isaías 40:21-23 ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar. El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana.
Isaías 40:31 ...pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Que el Señor nos encamine a la victoria.
Amén.
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