Romanos 7:19-21 "Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí."
Cuánto hemos pecado que quisiéramos hoy, como cristianos, ni recordar que eso pudimos hacerlo nosotros. Hoy conocemos esa gran verdad. Pero es que ese mal está en nosotros y solamente la sangre de Cristo puede liberarnos.
Hemos venido a hablar de Cristo, y más allá del impacto de sus milagros, Cristo impresionó al hombre que él no tenía pecado. Qué bueno que una persona te impresione por algo bueno. Qué triste es cuando una persona te impresione por algo malo. Son dos cosas grandemente extremas. La impresión de una persona que no peca y la impresión de una persona pecadora hasta lo sumo.
Lo único que los enemigos de Cristo no podían combatir era que él no tenía pecado. Qué bueno es que podamos recibir todas las ofensas que puedan venir, pero qué bueno es que seamos íntegros, que no puedan tocar la moralidad de nuestras vidas, porque la palabra integridad significa entrega a alguien superior al hombre. Sabemos que Cristo estaba sin pecado porque venía de la santidad máxima que era su Padre Dios.
Qué bueno es recordar que nosotros tenemos eso también por legado de Jesucristo. Podemos tener la santidad máxima por Cristo, no porque seamos merecedores de tenerla. Tenemos la santidad porque el heredero nuestro, que es Jesucristo, al venir del Padre, también nos hereda las cosas grandes del Padre.
Podemos tener algo que Cristo tuvo en la tierra y es dominio. Cuando todo va mal y tú sientes paz, tú puedes luchar. Cuando estás en control de lo grande, él da control abajo, en la tierra. El, enemigo huirá al ver que no puede contigo.
Tu mujer no es culpable que tú pecaras, tu esposo no es culpable que tú pecaras, tus hermanos en Cristo no son culpables que tú peques, es el mal que todavía está en nosotros. ¡Qué importante es que nosotros, por tener al morador de la luz dentro de nosotros, paralicemos las tinieblas!
Como raza, estamos vencidos por el pecado, en el huerto de Edén lo demostramos; como hijos espirituales, estamos en victoria frente al pecado. Tú y yo podemos tener los defectos más grandes del mundo y podemos caer en lo más vil, pero cuando Cristo viene a salvar, cuando viene a redimirnos, cuando viene a levantarnos, entonces como nación de Cristo, somos vencedores.
No me digas que tú no puedes perdonar, que no puedes razonar, que no puedes tener reflexión, que Dios no te habla en la Palabra, que Dios no te redarguye.
Por tanto, encontrar a un hombre perfecto es totalmente imposible; encontrar un Ministerio perfecto es imposible, porque tenemos la raíz de la raza humana. Hay un momento en que tú expresas lo que no quieres.
¿Cuál es la bendición que tiene la raza humana cuando Dios la creó? Que Cristo es conocedor de todos los pensamientos de la raza humana.
Juan 2:24-25 "Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre."
No es presencia, la presencia puede ser la mejor, sino lo que está dentro es lo que es eterno. No es lo que tú dices, es lo que está dentro. Podrás aparentar ser espiritual y no serlo nunca. Los pecadores gozaban de estar cerca de Cristo. Nosotros, los pecadores espirituales nos gozamos de estar delante de su Presencia. Qué clase de bendición tenemos que aún tiernos en la fe, como podemos ser, porque cuando la fe no se desarrolla eres tierno, cuando la fe se enquista eres tierno, pero cuando la fe se desarrolla empiezas a coger madurez y la madurez es la que te ayuda a vencer al diablo cuando quiere sacarte de tu bendición.
Hay lugares que son nuestra bendición y el diablo dice que vino para hurtar, para matar y destruir, pero Cristo vino para levantar a aquel que puede caer en las redes del diablo. Decir mentiras es estar ya atrapado; no hacer lo bueno es estar ya en la trampa del diablo. A ti no te importe que te digan lo que te digan, tú tienes el deber de hacer lo bueno, de hacer justicia, de hablar verdad porque tu Dios te está mirando.
La presencia del Espíritu Santo puede venir en muchas maneras. Puede venir en fragancia, puede venir en toda la santidad, puede venir como sangre para que te arrepientas, puede venir en forma dolorosa. La presencia de El llega a nosotros de tres maneras, pero la presencia dolorosa es la que más conozco. Esa es cruda, esa llega para desgarrar como él fue desgarrado en el calvario. Ese es un nivel de dolor que se sufre frente a la presencia del Señor. Es mejor ser desgarrado que el que deja huella. ¿Cuál es el que deja huella? El pecado.
El dolor desgarrado te ayuda a entregarte y él con gran amor, recoge el corazón y lo vuelve a envolver en la ternura de su creación, lo sopla de nuevo y lo levanta en la pureza de El.
Hay momentos en nuestras vidas (los que pretendemos ser cristianos) que nos puede suceder que de momento es como si nos desnudaran. Se desnuda el alma cuando hay una traición; a Cristo se lo hicieron. Cuando uno entra en ese campo, siempre la voz de Dios, compasiva y bondadosa está para ti.
Dios mismo dará testimonio de nosotros porque dice la Palabra que "si tú callaras, las piedras clamarían" (Lc.19:40) y dice la Palabra que somos piedras vivas, somos de una cantera especial, no por nosotros ni por nuestras generaciones, sino por Cristo, solo por Cristo.
¿Por qué Dios nos lleva a toda verdad? Porque él es la verdad. Los espíritus engañadores te dicen "tú eres bueno"; mejor tírate de rodillas y ora por tu ser amado, pídele al Señor que lo saque a la luz y a la verdad, que lo redarguya. Cuando Dios a ti te redarguye es cuando es cuando ves la verdad. Hay alguien que tiene que redargüirte, que tiene que dirigirte, alguien que tenga la autoridad y la unción de Cristo, no alguien que toma atribuciones que no le corresponden.
Juan 4:24 "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren."
Para adorar a este Dios no pueden ser cinco minutos, no pueden ser treinta minutos. Aquí tenemos un tiempo para adorar al Señor, y es precisamente en esto donde hemos sido muy combatidos, pero frente a la verdad y a la experiencia yo no me puedo rendir.
Para los que saben buscar a Dios quiero decirles que a las tres horas es cuando tu mente se empieza a desalojar. Inquietudes, tendencias, situaciones, pecado no confesado, falta de intervención en las Escrituras.
A las tres horas es que ya la dinámica de la mente empieza a tomar una recepción, empieza a ponerse en orden con el Espíritu (Dios es Espíritu, no es materia, no es carne) Cuando te tiras de rodillas y tu mente está en todo lo que estuvo, déjala quieta porque se está desalojando, así es como puede salir. No engañes a la mente con repetición de palabras vanas. No podemos bloquear lo que tiene que salir; si bloqueas hay falsedad.
¿Por qué tanto tiempo? Porque es la única manera que tú dejes a toda tu mente que salga. Después que salió, que te desalojaste, viene el Espíritu de Dios a hacer una co-abertura contigo para sanarte y cuando El sana te da una paz inmensa.
¿Por qué son las vigilias? Para esto precisamente; las vigilias son sanidad del alma, porque todo ese mundo de pecado que tú compartes con el pecador muere en ese día de vigilia, muere en esa mente de mujer preocupada, muere en ese hombre de trabajo, muere en esa sierva de Dios.
Podemos ser cambiados pero podemos preguntarnos ¿En verdad se desea? ¿De qué modo? ¿En la casa, en el trabajo, en la calle? No, solamente hay un lugar, en el lugar de reposo de tu espíritu, en tu cuerpo.
La verdad del evangelio es que nos centra. Después que tú buscas y hallas, te centra.
Vienen problemas, tú estás centrado, pueden enfrentarte el problema con la paz que tú nunca pensaste tener, con la liberación que tú no tenías.
Cuando no estás centrado, porque no has buscado, todo lo hallas mal. El Pastor no te ha llamado, los miembros no te llaman, no te visitan, caes en la quejumbre que es trampa de Satanás, todo es quejumbre.
Todo acto de pensamiento humano que no contacte con Dios será pérdida total, pero todo pensamiento de hombre que contacte con Dios será santificado. Todo lo malo sale y te dejan los buenos pensamientos que son de Dios.
No creamos que los problemas son para mal, creamos que los problemas, si están puestos delante de Dios, obran para bien. Tiene que doler, pero siempre hay que pagar un precio por todas las bendiciones que tengamos en nuestro mundo.
Hebreos 4:13 "Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta."
No te contamines con lo malo. Seamos rectos hasta el final. Que te cueste, ya te ha costado bastante creer en Cristo, abandonar el mundo. Pero hay un día que tendremos recompensa y esa recompensa vale miles de años junto al Señor. Así que paguemos el precio para luego tener una recompensa eterna.
Amén.
|