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LLAMARAS SU NOMBRE: JESUS
Fecha Tuesday, 04 March a las 11:33:40
Tema Boletines Pastorales (2007)


El propósito de celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén de Judea, es para apreciar la grandeza del amor de Dios para nosotros sus hijos al darnos un Salvador suficiente para obrar nuestra redención.

¿Qué importancia tiene para la fe cristiana, ahora, el nacimiento virginal de Jesús?

¿Cómo interviene Dios de modo especial en el nacimiento de sus siervos escogidos del Antiguo Testamento?

¿Qué significa concretamente la necesidad humana de un Salvador y cómo se relaciona la Navidad con la salvación?

¿Cuál fue la participación de María y José, como instrumentos de Dios en el nacimiento de Jesús, el Hijo unigénito de Dios?

¿Qué podemos aprender de la nobleza y fidelidad de José al cooperar en los propósitos de Dios para la redención del hombre?

Es deseable que como resultado del estudio podemos apreciar más profundo el poder eterno de Dios en el cielo y en la tierra. Su intervención directa en los destinos de la humanidad y su amor inmensurable, manifestado en la dádiva del Salvador Cristo Jesús.

MATEO 1:18-25

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,  y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y  despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.”

El desposorio según Génesis 29:21-30, Deuteronomio 20:7; 29:21-30 era un compromiso matrimonial, muchas veces concertado por los padres de la mujer cuando era niña y el futuro esposo; aunque en la mayoría de los casos era consentimiento mutuo entre novio y novia.

Se confirmaba el desposorio generalmente cuando el novio llevaba a la novia a vivir con él, en espera de la cercanía del matrimonio. No sabemos cómo llegó a comunicar María a José su estado grávido, pero parece que José se sintió ofendido por su prometida y que guardó silencio solamente porque la amaba y no quería exponerla a la afrenta pública.

(v.20-21): …engendrado del Espíritu Santo es: Mientras dormía José, el ángel del Señor se acercó a él para hacerle una revelación que tal vez María, a su manera, ya le había hecho.

Ahora sabes por cierto que el niño que su prometida abrigaba en sus entrañas ha sido engendrado en ella por el Espíritu Santo, y que su nombre será Jesús, porque ha sido engendrado para salvar al pueblo de sus pecados.

(v.22-23): Todo esto incluye todos los acontecimientos de la encarnación del Hijo de Dios. Todo sucedió como parte integral del plan de Dios para redimir a la humanidad y en cumplimiento de lo prometido por Jehová por medio de su profeta. (Isaías 7:14).

En un solo versículo el profeta había provisto y anunciado el nacimiento virginal de Jesús, así como su nombre, y con su nombre el propósito de su ministerio. El mismo nombre del niño Salvador nos indica por qué su nacimiento debió ser virginal, porque ese niño sería “Dios con nosotros.”

Si hubiese sido hijo de José y María, habría sido solamente el Hijo del Hombre, y Jesucristo no fue un hermano más venido a este mundo, sino Dios mismo, nacido humanamente de una mujer virgen para ser hermano, pero engendrado en ella por el Espíritu Santo, por ser Dios mismo.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria) lleno de gracia y de verdad.”  (Juan 1:14)

En varias ocasiones Dios intervino milagrosamente en el nacimiento de sus siervos. Por ejemplo en los casos de Isaac, Samuel y Sansón, según leemos en Génesis 18:10-11, 1 Samuel 1:5,20 y Jueces  13:3.

Pero en el nacimiento de Cristo, el milagro es, desde todo punto de vista, diferente. No se trata de Dios dando un hijo a una familia incapacitada para engendrar, sino de la encarnación del Verbo de Dios.

(v.24-25): La obediencia de José para someterse a los propósitos de Dios le hacen merecedor del reconocimiento de todo el pueblo cristiano. No fue un héroe de grandes hazañas, simplemente fue un hombre que “hizo como el ángel del Señor le había mandado.”

María y José fueron instrumentos de Dios en la venida de Jesucristo al mundo. José participó legal o civilmente apareciendo ante la opinión pública como el padre de Jesús.

La participación de María incluye todos los aspectos de la maternidad desde la gestación hasta los cuidados maternos del niño, el joven y aún hasta la muerte, resurrección y asención de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo.

Tanto María como José nos dan un precioso ejemplo de obediencia a Dios y de entrega de sus vidas para servir a Dios y al prójimo.

II. LA NAVIDAD Y LA SALVACION

La salvación es el asunto más importante de todo sobre este gran evento eterno. Todas las acciones humanas y divinas incluidas en la encarnación del Hijo de Dios tienen por objetivo hacer posible la salvación del hombre.

Cuando hablamos de salvación en relación con Cristo estamos hablando de nuestra liberación de la muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús nuestro Señor. (Ro. 6:23)

La siguiente definición de pecado es una sencilla definición: “Pecado es hacer lo que queremos hacer.” La muerte como consecuencia del pecado consiste en la separación entre el hombre y Dios, que surge cuando el hombre decide conciente o inconciente no obedecer la voz de Dios. Cuando esta separación se hace externa, el alma queda destinada al infierno.

La salvación consiste en la acción de reconciliación al hombre con Dios cuando las demandas de la ley, violadas por el pecador, son satisfechas por el Cordero de Dios, nuestro Señor Jesucristo, cuya sangre fue derramada, en vez de la nuestra, en la cruz del calvario.

La navidad es la ocasión en que cada año celebramos el nacimiento del niño Jesús, cuyo nombre significa “SALVACION”. Este niño Jesús, cuyo natalicio celebramos, en nada es glorificado cuando nuestra celebración navideña se separa del propósito de Dios y de nuestro Redentor Jesucristo para hacer una fiesta secular o una fiesta religiosa en que el mensaje de la salvación no esté presente.

Las luces de navidad tienen por objeto recordarnos la estrella de Belén que anunció a los magos el nacimiento de Jesús. Esta estrella puede identificarse con la estrella de Jacob, de la cual nos habla la profecía de Balaam en Números 24:17 “Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá estrella de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set.”

También podrá ser una manifestación especial de la gloria de Jehová según Isaías 60:2-3 y Mateo 2:2, 9-10, para cumplir la profecía y para guiar a los magos hasta el lugar del nacimiento del Mesías.

En cuanto a los regalos que damos o recibimos, deben tener por objetivo recordarnos y ayudar a otros a recordar que de tal manera amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo Unigénito para que tomando forma humana, tomase nuestro lugar en la cruz redimiéndonos así de la condenación eterna.

Desde todos los puntos de vista, la navidad trae consigo un mensaje de salvación que la iglesia debe proclamar fielmente, cumpliendo así el propósito divino del nacimiento del niño Jesús.

Amén.





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