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TERRIBLES CONSECUENCIAS DE LA CAIDA DEL HOMBRE
Fecha Wednesday, 28 November a las 00:45:52
Tema Boletines Pastorales (2007)


De una manera u otra todos hemos caído. En el pentágono de tu alta vida es igual que un cardiograma con sonidos de altas y bajas.

La caída del hombre surge por desobediencia, pero lo que nosotros no alcanzamos a comprender son las consecuencias de la caída. Recibimos el perdón de Dios en nuestros corazones; podemos seguir siendo hermanos, seguimos teniendo un hogar, una familia, pero hay una consecuencia que de vez en cuando, por muy alto que estés, Dios te lo enseña para que lo mires, y esa es una terrible consecuencia, porque hay momentos en tu vida que no desearías ser lo que fuiste, y esa consecuencia la llevas, pero ¡cuidado! porque aquí se pueden salvar muchas vidas que están en un camino que Dios no quiere que sigan en ese camino para que no tengan consecuencia.

No hablo solamente de un camino, de una sola consecuencia. Cuando dejas que un intrigante, aunque sea familia tuya te mueva el amor y te quite la bendición, tú vas a tener una consecuencia. Cuando dejas que un mentiroso venga a llenarte la cabeza de cosas vanas vas a tener una consecuencia.

I. LO QUITARON DEL PARAISO Y LO LLEVARON AL DESIERTO

A veces estás “muy alto” y de repente te ves barriendo calles, son consecuencias. De momento te ves barriendo calles y te ves allá muy arriba, son consecuencias. De momento lo has tenido todo y lo pierdes todo, son consecuencias. De momento toda tu capacidad universitaria tienes que guardarla y no usarla más porque las consecuencias a donde tú has ido te han quitado ese conocimiento, son consecuencias.

Adán tuvo las consecuencias porque del paraíso lo llevaron al desierto, pero es que a nosotros, por herencia, nos tocó lo mismo, porque por el pecado de uno nosotros fuimos al desierto. Si tú no tienes a Cristo en tu corazón, estás en un desierto dentro de ti. Cuando tienes a Cristo en tu corazón, ya eres un árbol fuerte, frondoso, con frutos. Cuando no tienes a Cristo estás seco; podrás venir a la iglesia pero sigues pecando; vienes a la iglesia para “quedar bien” con los que convives, pero no has dejado entrar la voluntad de Dios, que es la eterna, por eso vienen las consecuencias.

Es por eso que es tan terrible la caída del hombre; es entonces cuando Dios determina que venga un segundo Adán, y ese segundo Adán, que es Cristo, reprende y aparta el desierto para que volvamos al paraíso, pero antes de llegar al paraíso, en ese trámite de tu vida, que es desértica, ¿Cuántos agoreros, hechiceros, mentirosos van a tener consecuencias con tu vida?

Qué triste es que trates de revivir con los personajes una caída que ya Dios te perdonó de esa caída. Cuando te has arrepentido le huyes a ese pecado que te dejó en el desierto, no deseas ni ver a esas personas. Cuando deseas ver a esas personas, conversar con esas personas, el pecado todavía está allí. Esa mente todavía no ha sido sanada por ese pecado. ¿Sabes que esas son las graves enfermedades? Si tú lo tratas, sigue ahí, pero si se lo entregas a Dios se va, se cancela.

Una cosa es “tratar” y otra es “entregar”. Hay que tener certeza, seguridad, fe, convicción, estar en la Palabra, permanecer en el ayuno.

Génesis 3:24 “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”  Esos querubines estaban desde el momento en que Dios creó al hombre y ellos trataron de ayudar a que Adán no oyera a Eva, porque ella fue seducida, pero Adán fue el desobediente. Es por eso que Dios reprende a Adán, no es que haya una diferencia de creación entre el hombre y la mujer, los dos son iguales, tienen el mismo valor. Esto es lo que ha cambiado a muchos pentecostales y bautistas en que han degradado el valor de la mujer frente a la sociedad; la ignorancia completa del que no está en el Redentor, pero nosotros que estamos con el Redentor a través de la luz de la Palabra disertada en el Espíritu, entendemos la Palabra de otra manera.

II. TIERRA FUE MALDITA

Dios, en el Edén, la bendijo en su creación, pero cuando esta caída surgió en la creación maravillosa de Dios, la tierra quedó maldita.

Ahora vamos a nosotros. Cuando tú pecas, vuelves a maldecir tus generaciones aunque aquí las hayamos cancelado en oración. Volviste al mismo vómito, volvió el mismo yugo, pero el problema más grave es que tú tienes consecuencias y no lo vas a ver ahora.

El capítulo 3 de Génesis es el decálogo de las posiciones clave en el Antiguo Testamento para hacer volver al hombre de su pecado. Otras lecturas bíblicas que también son de bendición son Deuteronomio 28, Levítico 14, Lucas 9, Proverbios 29.

Génesis 3:17-18 “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.”  Después que comíamos frutas nos mandó a comer plantas del campo; y después que no íbamos a trabajar sino a vivir solamente en su santidad, nos mandó a labrar la tierra y sembrarla; y después que no íbamos a conocer dolores de preñeces, nos mandó a conocer esos dolores. ¿Por qué? Por la consecuencia de la caída del hombre.

Génesis 5:29 “...y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.”  Cuando esta maldición cayó por las consecuencias terribles del hombre en su pecado, y surgió un Noé, ellos inmediatamente pensaron que en verdad se iban a aliviar. Así les pasa a los hombres cuando eligen a un presidente para su nación, pero no oyen la voz de Dios.

Debemos tener muy en cuenta que somos de arriba, no somos de abajo. Nosotros podemos dirigir, apoyar en oración, liberar una nación y hacer todo lo que Dios ponga a nuestro alcance, pero eso no quiere decir que seamos de tal o cual política. Esas son maldiciones que generalmente se manifiestan en las iglesias cuando hay un trasfondo de doctrina errada. Aprendan a buscar lo bueno.

El siglo XX se vistió de la maldición de que todos los cristianos teníamos que ser “los pobres del mundo”. ¿Quién les dijo eso? Ojalá que Cristo apareciera con toda su realeza para que se avergonzara a estos tipos de cristianos que no conocen a un Rey de reyes y a un Señor de señores. Todo lo creado es para nosotros, los que somos salvos por su gracia y por su Santo Espíritu.

III. CUANDO PECAMOS TRAEMOS DOLOR

Cuando pecamos inmediatamente empiezan a moverse esferas desiguales en la familia. Hoy quisiéramos que en las computadoras no salieran historias viejas de nuestro pasado. Esas son consecuencias del pecado, pero nos alivia un Redentor, nos sana un Redentor, estamos en la misericordia de un Redentor.

¿Ustedes creen que Adán solamente sigue cayendo? Cuando tú, telefónicamente, “aguantas” una conversación satírica, injuriosa, repugnante, tú estás haciéndote cómplice; pero cuando con amor sabes cortar esa conversación como un verdadero cristiano y oras por esa situación, le estás dando una patada a Satanás y todo queda cancelado.

Cuando entras en desobediencia estás matando dos cosas: el cuerpo y el alma. Estás enfermando el cuerpo y tu alma no tiene capacidad para la santidad de Dios. Cuando no pagas lo que pides prestado, estás teniendo una herencia de miseria generacional.

IV. CONDENADOS POR NUESTRA  CONCIENCIA

Génesis 3:8 “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.”

Adán y Eva habían pecado y tenían mal su conciencia. Cuando tú no pecas te enfrentas a todo.

Cuando Dios contactó al Hijo para que nos redimiera, El sabía de nuestras caídas, de nuestras debilidades y de nuestros deseos. Cuando tengas esos deseos en cualquier línea tienes que cancelar en el nombre de Jesús toda perturbación que esté dañando tu mente.

Oseas 13:9 “Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda.”  Cuántas veces nos perdimos de la presencia de Dios por el pecado, porque para entrar a la presencia de Dios hay que estar en santidad, pero fiel es el Señor que nos redarguye de nuestras caídas.

Amén.





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