I. LA DESOBEDIENCIA
Siempre que nos pasa algo le echamos la culpa a “alguien”; siempre hay un culpable, así que lo que hoy vamos a disertar el culpable es Adán, porque en la desobediencia de Adán estuvo la caída del hombre.
El plan de Dios no era la caída sino la santidad del hombre, pero al desobedecer Adán caímos todos en el mismo hueco. Desde luego tenemos enmiendas. ¿Cuáles son esas enmiendas? Jesucristo. ¿Qué significa la palabra enmienda? Significa el que nos puede quitar la culpa.
Cuando Cristo nos quitó la culpa entramos en una bendición superior a la de los ángeles, pero con condiciones que habíamos ganado en el huerto de Edén, pero que al caer al hombre lo perdimos. Ahora tenemos que trabajar para comer. El plan de Dios era que viviéramos y El trabajaría para que nosotros comiéramos, pero al desobedecer Adán nosotros perdimos bendiciones.
Esta condición que nos “estoquea” cada vez que
que tratamos de levantar algo mejor en nosotros para Dios o para el medio en que hemos vivido, o cuando tenemos alternativas para escoger: volvernos a casar, volvernos a reunir, comenzar de nuevo, vienen “muchas flores” y todo parece muy perfumado, pero es muy bueno mirar de vez en cuando lo que hay debajo de las flores. Ahí debajo vas a encontrar raíces, vitaminas que están en los minerales, debe de haber humedad para que las plantas tengan clorofila, pero más debajo de todo eso, solamente hay una tierra con capas de minerales, la cual ni el hombre, ni las plantas llegan porque esa parte le pertenece a Dios, donde muchas veces puede haber oro, diamantes.
Pero ¿Qué pasa con nosotros? Que como venimos de una caída, al vivir estamos ya dañados para caer, nos levantamos y caemos una y otra vez. Adán no tuvo lo que nosotros tenemos, nosotros tenemos a alguien que no quiere que caigamos más.
En el triángulo de Dios está la caída, el levantamiento y la resurrección; entonces nosotros necesitamos ser un triángulo en el mundo, pero no podemos ser un triángulo mientras seamos adoradores de papá, de mamá, del hijo, de la hija, del carro, de la casa, etc. podemos tener todo eso, pero nuestra mayor adoración tiene que ser el que está arriba, no el que está abajo. Si no quieres volver a caer tienes que ser adorador de Cristo, que es el que está arriba; lo que está abajo perecerá, lo que está arriba permanecerá.
Génesis 3:6-12 “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” Aquí fue la caída del hombre.
Génesis 3:16-19 “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Hemos visto que la desobediencia tiene un castigo.
Muchos de nosotros que somos cristianos queremos gozar de cosas que están algunas anuladas, otras a mitad y otras que ya no las podemos gozar. ¿A quién le vamos a echar la culpa? ¿A papá, a mamá, a la forma de cómo nos criaron, al barrio donde vivimos, a la escuela donde estudiamos, a los españoles que trajeron los ídolos, a nuestro continente, a nuestras historias civilizadas según la historia? No hay civilización más grande que la de Cristo.
Tenemos que tener mucho cuidado y decirle a Dios: Así incompleto como soy, en esta nueva vida que me has dado para vivir, úsame con el complemento de tu unción; porque a veces entramos al mundo de la salvación enfermos, dañados, con muchos años de pecado arriba, rebeldes, con rebeliones por los vicios, y queremos de buenas a primeras ser perfectos como los que están ministrando adelante o como los que acaban de aceptar a Jesucristo, sin problema.
Tenemos que entender que todos tenemos problemas por nuestras propias inconcupiscencias; que El nos las puede mejorar, sanar, cancelar, El es el único y que a veces no nos las puede quitar porque nos volveríamos a perder.
II. LA CAIDA DEL HOMBRE LLEGO POR LA MUJER SEDUCIDA
La persona que más vulnerable pudo ser fue la mujer, no el hombre. Muchas cosas suceden en el cuerpo de una mujer. una mujer es más adornada que un hombre y la seducción del diablo trabaja en donde hay más belleza.
No es cuestión de sexo, es cuestión de belleza. La mujer en su anatomía es más exuberante que el hombre, tiene más belleza, por lo tanto el diablo trabajó en la mujer.
Génesis 3:1-6 “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” Este es el origen del pecado.
III. ¿CUAL ES LA CONDICION DEL HOMBRE DESPUES DE LA CAIDA?
La condición del hombre después de la caída es que todos somos igual que Adán. Tendríamos que volver a leer Génesis 3:16-19 donde Dios, en tres versículos, pone la condición del hombre: “Tienes que trabajar, tienes que trabajar la tierra, tienes que sudar y por último la sentencia: Del polvo fuiste creado y al polvo vuelves.”
Si se fijan, la condición final de Dios, en la caída del hombre, es la de Adán, no la de Eva. Recuerden que Adán fue creado del polvo, del soplo de la nariz de Dios, pero Eva fue creada de la costilla derecha de Adán. Por eso el Espíritu Santo es el ayudante de Dios en la creación, y sigue siendo nuestro ayudante. El remienda nuestros huesos desgastados, nuestra columna. El es creador de órganos, entonces, ¿cuál es la sentencia de la caída del pecado? No es igual que la de Eva sino la de Adán.
Génesis 3:17 “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.”
O sea que Adán puso primero a su mujer que a Dios, y con Dios no hay juego; en todo tiene que estar primero El y después El pone todo lo demás. Al hacer este balance de la sentencia ahora no es de Eva sino de Adán, porque cuando ella tentó, él la obedeció a ella y desobedeció a Dios. El tenía que frenar la desobediencia.1 Corintios 15:48-49 “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.”
Igual que Adán nos llevó a lo terrenal, vino el Celestial y entonces Dios hizo su obra perfecta, nos dio lo terrenal con lo celestial. Somos terrenales por Adán pero somos celestiales por el segundo Adán y ¿Quién es el segundo Adán? Jesucristo.
Esta es la comparación de que por el pecado de Adán traemos lo terrenal, pero por la redención de Jesucristo traemos la herencia celestial.
Génesis 5:3 “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.”
`Amén.