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LA BASE DE LA MAYORDOMIA
Fecha Friday, 09 March a las 19:19:38
Tema Boletines Pastorales (2006)


AMOR, CONSAGRACION Y SACRIFICIO

Desde el púlpito servimos al Señor a través del mensaje predicado, a fin de que los pecadores conozcan a Jesucristo como el Salvador.

El Pastor debe servir como tribuna de enseñanza y orientación bíblica para los que ya son creyentes en el Señor, con el propósito de que crezcan en todas las fases de la vida cristiana.

Nada de lo que hacemos y aún pensamos debiera estar aislado del anhelo supremo de hacer la voluntad de Dios, en el centro de todo. Es reconocer que él es el dueño de todo; y es devolverle a Dios, en servicio santo y gozoso de todo. Entonces podemos declarar que:
La base de la Mayordomía es el amor
La vida de la mayordomía es la consagración
El triunfo de la mayordomía es el sacrificio

Las cosas que permanecen tienen su base. No se puede edificar sobre la nada del vacío. Podemos ver la mayordomía como la edificación del carácter, como el desarrollo de la vida cristiana. Siendo así, ¿Cuál es su base? ¿Qué es lo que le sirve de apoyo y sostén? La tesis que estamos acertando es que la base es el amor. Si no hay amor no puede haber mayordomía. De todas las fuerzas que existen el amor es la más poderosa. Nada que sea noble, hermoso y de valor se podría explicar sin el amor. La fuerza que impulsa a Dios obrar, la motivación que le hace planear tan sabiamente como lo hace, es el amor. Lo imposible en sí viene a ser posible en la realidad por causa del amor. El ejemplo supremo de esto lo tenemos en Cristo.

Pablo lo expresa de esta manera: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis  enriquecidos.” (2 Co. 8:9).

El amor es de Dios, pues es lo que hace posible todas las cosas. Como personas razonadas cuando miramos a nuestro alrededor podemos decir ¡Cuán grande es el amor de Dios! Siempre que sueño, sueño con el incomparable amor de Dios, título de una de mis canciones favoritas para El.

Debemos recordar que si él es amor, entonces nosotros estamos en el centro de Dios como su creación perfecta. La expresión de Juan apóstol no podemos dejar de nombrar: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.”

POR LA FE, ENTRAMOS EN RELACION CON DIOS

Si el amor es la mayordomía de Dios, entonces todo empieza y termina con Dios. Si nos fijamos bien, al hacer un análisis de las cosas, nos daremos cuenta de que Dios es la causa de todo. El apóstol Juan dice: “Nosotros le amamos a él porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:19). Quiere decir que nuestro amor a Dios es nuestra respuesta a su amor hacia nosotros. El tomó la iniciativa, pero nosotros le correspondemos cuando por la fe entramos en relación con él, relación de hijo a Padre, entonces estamos listos para recibir como mandamiento lo que la Biblia dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt. 22:37), y cuando amamos a Dios, después nos resulta fácil amar al prójimo. Todo lo que hagamos para Dios, si no le amamos, de nada nos sirve. En cambio puede ser que no podamos hacer mucho por él, pero si lo hacemos por amor, él se sentirá satisfecho en ello.

USA A SUS CREYENTES PARA REALIZAR SU OBRA

La obra de Dios es preciosa si se compara con el amor creador de todo para nosotros los cristianos evangélicos. Su obra consiste en todos los esfuerzos que hacemos todos para implantar aquí en la tierra su reino. Dios está propuesto para redimir un pueblo para sí, santificarlo y capacitarlo para que reine juntamente con él. Para llevar a cabo este propósito Dios hace enderezar las cosas hacia la salvación de los hombres; usa a sus mismos creyentes para realizar su obra. Nosotros somos sus colaboradores. De modo que si amamos a Dios, amaremos también su preciosa obra. Una evidencia de que somos verdaderos cristianos es que mostramos interés en todo lo que concierne a la causa de Dios en el mundo.

Llamarnos cristianos y no hacer nada por la causa del Señor es desmentir nuestra profesión de fe. Hay muchos que parecen estar más interesados en las cosas del mundo, en los movimientos políticos y en las causas sociales que propiamente en el entendimiento del evangelio y en el robustecimiento de la iglesia cristiana.

¿Cuál es el obstáculo del avance del evangelio en el mundo? No es la persecución religiosa ni la incredulidad humana de los inconversos, sino la frialdad, la indiferencia, la falta de amor de los que nos llamamos discípulos del Señor Jesucristo. Aquí está la explicación de que la obra no prospere, de que la iglesia mengüe, de que nuestro testimonio como congregación sea débil y raquítico, que nosotros los cristianos no amemos de todo corazón la obra de nuestro Señor. No se sienten envueltos en ella, no se consideran responsables de ella.  Nuestra mayordomía requiere que amemos la obra de Dios.

El libro de los Hechos de los apóstoles nos habla de la pareja de Ananías y Safira y nos habla también de un cristiano piadoso llamado Bernabé. Ananías y Safira vendieron una propiedad y trajeron solamente una parte del producto de ella. Entregaron su contribución a la iglesia, pero dando la impresión de que lo daban todo. Querían ganar el aprecio y la alabanza de los hermanos defraudando y engañando. Pedro los desenmascaró; les dijo que estaban mintiendo al Espíritu Santo. Como castigo drástico y ejemplificador murieron en forma fulminante. Ellos, aunque eran miembros de la iglesia, no amaban la obra del Señor; no les movía ningún impulso espiritual, eran carnales y vanidosos. Bernabé en cambio daba muestras del profundo amor por la obra de Dios.

El mismo Espíritu Santo declaró así a Bernabé: “Entonces José a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.” (Hch. 4:36-37). Bernabé era un buen mayordomo de los bienes del Señor que había puesto en sus manos. El sí amaba la obra de Dios.

IV. ES NECESARIO PERTENECER A  UNA  IGLESIA

La iglesia a la cual pertenecemos es en sí, la familia de Cristo, no importa en donde nos encontremos. Pero también somos miembro de una iglesia local. A esto le llamo una célula viva del organismo del Señor.

Es necesario pertenecer a una iglesia y estar con la cobertura pastoral. Ella nos sirve de hogar espiritual, en ella nos alimentamos con el pan vivo de la Palabra de Dios, disfrutamos del compañerismo de los hermanos en la fe y tenemos el privilegio de trabajar en la obra evangelizadora del Maestro. 

La iglesia no nos salva, pero sí nos ayuda a crecer y a ser cristianos útiles. Pero ¿estamos en amor en nuestra iglesia? ¿estamos realmente interesados en su prosperidad y en su espiritualidad? La iglesia será grande, influyente a medida que los miembros crezcan con sus dones y busquen de la exquisita presencia del Salvador divino y eterno. Repito, si sentimos amor por la iglesia, seremos buenos mayordomos en relación a ella.

 Pregunto: ¿Estamos produciendo un amor que ambiente nuestra iglesia que haga que los visitantes quieran volver? Cada uno de nosotros podríamos hacernos esta pregunta: ¿Amo yo a mi iglesia? ¿La amo lo suficiente? ¿Me alegra su avance y me entristece su estancamiento? ¿Le soy fiel a ella en todo? Este amor para ella es muy necesario para que estemos consagrados en espíritu y en verdad. Es negarnos a nosotros mismos para que Dios se afirme en nosotros. Los cristianos consagrados son la garantía humana de la estabilidad y del progreso de la obra del Señor aquí en la tierra.

 V. CON INTEGRIDAD Y VERDAD

 Consagración verdadera nos muestra Josué 24:14 y dice: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”  Esto fue lo que le pidió Josué al pueblo, es decir, les dijo que fueran mayordomos, pero aclaró este adalid: “con integridad y verdad.”

Hay muchas congregaciones que son realmente consagradas, glandular, emocional, de boca, pero no en espíritu y en verdad. Consagración sin raíces profundas, sin inteligencia y sin base bíblica, le llamamos consagración pasajera, circunstancial, con alardes de un falso amor que se desvanece al primer tropiezo. Esta clase de amor no puede dar vida a la mayordomía.

¿Qué significa integridad? Que todo nuestro ser y no solo una parte, debe de estar a la disposición de Dios.

 Y verdad es que nuestro servicio está en armonía con lo que sentimos, lo que pensamos. Estas dos cualidades, la integridad y la verdad, son indispensables en la consagración.

 Consagración es que Dios ocupe el primer lugar en nuestras vidas y esté por sobre todo siempre. “Temed a Jehová y servid a Jehová.”

La consagración, como término religioso, es que debemos de estar dedicados al Señor. Esto también es una clase de adoración. En Josué 24:14-17 podemos ver la intensidad del dirigente espiritual que sugiere cómo el pueblo debe servir a Dios.

Creo que Dios tiene derecho a que lo reconozcamos en la preeminencia de nuestras vidas. Cualquier cosa menos que ésto es no hacerle justicia. El debe ser el centro y nosotros debemos girar alrededor de él. Si él no ocupa el centro entonces alguien más o cualquier otra cosa tendría que ocuparlo. No podemos dejar de ser servidores de Dios, pero la exhortación bíblica es que nosotros debemos de darle a Dios todo el centro de la vida.

 Dios es el primer lugar y todas las demás cosas os serán añadidas. Si él no está en el centro, entonces todo lo demás no irá derecho. “Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás”  fue la contundente respuesta que Jesús le dio al diablo, y con ella lo hizo huir.

Hay que quitar las cosas que estorban para darle su lugar, aún las cosas que debemos pensar que le sean de su agrado.

El es el amor perfecto de toda nuestra mayordomía.

El sea tu mayordomo eterno,

 

Amén.

 





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